Tan bella visualmente como amarga conceptual y argumentalmente. La vida es malvada dice Justine y tenemos que celebrar que se extinga. El planeta Melancholia se acerca y chocará con la Tierra. Justine también le pregunta a su amado Michael qué esperaba del matrimonio siempre infeliz que no sea la infidelidad y la separación. Justine es en la segunda parte del film y luego de una profunda depresión, un von Trier sosegado y tan estoico como templado ante la destrucción que se avecina.

Del director de Los Idiotas, Anticristo y mentor del Dogma 95. Un film con reminiscencias de Visconti y el componente trágico de El Séptimo Sello, de Ingmar Bergman, de fluencia tan lenta como El Arca Rusa o las producciones de Theo Angelopoulos. Una fotografía sublime, una trama antipositivista y repulsiva de las relaciones humanas. Armónica, surrealista y un tanto barroca, tan premiada en Cannes (mejor actriz a Kirsten Dunst) como alejada del gran público. Una pieza con elegancia compuesta y una trama tan densa de guión bien mentado y poco feliz como lo grave de dos masas planetarias atrayéndose irremediablemente.


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