Espartaco lideró la más grande rebelión de esclavos en tiempos de la guerra civil que asoló a la República romana, el tracio buscaba y deseaba la libertad para vivir y trabajar como condición sine qua non de la existencia, caso contrario, en la muerte a manos de las legiones encontraría esa libertad soñada. La libertad es un sueño eterno de todos los mortales y Espartaco la peleó y soñó hasta el final, hasta la crucifixión. Exactamente dos mil años después, los espartaquistas alemanes buscaron profundizar de manera marxista la realidad de la República de Weimar, esa en dónde sus dirigentes socialdemócratas no vislumbraban ni por asomo la emergencia del nazismo que ellos con su indolencia estaban contribuyendo a generar, pero los espartaquistas de Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht eran manipulaciones fabianas y tiempo después el ascenso imparable de Adolf Hitler como subproducto británico (necesidad de banqueros londinenses, tanto como Mussolini lo fue) dejó en el pasado a los espartaquistas, a sus dirigentes asesinados por la policía alemana, y a todos los bigotudos y copetudos que pagaban las reparaciones de guerra a los vencedores de la 1ra Guerra Mundial (ergo a los bancos británicos, aquellos mismos que los financiaron para perder esa conflagración que luego les impuso un Tratado de Versalles tan unilateral como toda decisión del acreedor) mientras hambreaban al pueblo con una hiperinflación jamás vista. Y así como los regímenes fascista y nazionalsocialista son producidos británicos, las revoluciones francesa y soviética fueron fabricadas a medida por los sastres y otros agentes de la corte de los Hannover-Windsor. Así como la III Guerra Mundial en ciernes se pagará con dinero aún no impreso y a dictados del bombero demente que apaga incendios con petróleo y presidente de la FED, Benjamin Bernanke.

Gillo Pontecorvo lo muestra sin tapujos en su film de 1969, allí William Walker (hubo otro William Walker, bucanero de tierras tomar y tan añejo como el whisky Johnnie Walker) teje y desteje revoluciones isleñas que perjudican al enemigo portugués y benefician al Imperio Británico y su pútrido librecomercio, todo lo hace como un genial jefe de operaciones de inteligencia para nada y muy poco recibir, su lucidez le dicta que él solo es el instrumento, la tarea le da placer de vencer y lo reconforta cerebralmente, pero finalmente lo ciega ante el nihilismo de José Dolores; Walker no puede entender por qué Dolores no muere gritando libertad como Wallace el escocés, como tiempo después soñaría Guevara el argentino, fundamentalmente no entiende por qué aún facilitándole la fuga Dolores se resiste y se entrega al verdugo no queriendo más correr y pelear por su vida: las palabras proféticas del libertario de negros y esclavos son ¿qué civilización? ¿por cuánto tiempo? será la ganadora en eso de subyugar y extraer plusvalía, a Dolores lo ahorcan como ahorcarán a Göring (que prefería fusilamiento y evita la horca con cianuro), a Saddam Hussein o a Slobodan Milosevic (falla cardíaca dijeron en el TPIY de La Haya) –a cualquier opositor al Gobierno Mundial-, esa horca que resume la justicia del poder sionista británico. Entonces acusarán a Pontecorvo de exageraciones maníqueas, que muestra al europeo como a un demonio genial (igual caso el del general francés que quisiera tener a Sartre de su lado y desarticula la guerrilla argelina yendo a la cabeza de la víbora terrorista en La Batalla de Argelia), y a los isleños como ingenuos chiquilines e inoperantes; la respuesta sigue siendo la misma que Pontecorvo conocía, el ajedrez jugado por la misma persona, controlar a las dos o múltiples partes involucradas en el conflicto. William Walker fabrica al revolucionario y luego vende la solución para frenarlo (virus y antivirus) a los conservadores y defensores del status quo a nivel local y regional, bajo pretexto de que es necesario desatarla pero luego controlarla y si se desmadra exterminarla, lo que el gentleman Walker asegura son los intereses globales de comercio e intercambio desigual de la reina Victoria. La izquierda, instrumento de Sión, sigue y seguirá sin entender lo horrible del mundo tal cual acontece en Queimada; Walker recibirá como premio a su desempeño la muerte y la nada misma de la que siempre formó parte.
¿Qué civilización? y ¿por cuánto tiempo? No vamos a ninguna parte sabía Dolores y la libertad solo se nos da si aceptamos la jaula que conviene a su Majestad, caso contrario se nos elimina con delette. El tiempo se acaba y la civilización también.

La abolición de la esclavitud, dictada por Londres y su materia gris, obedecida por el imperio portugués y su colonia Brasil, obedecida por la España decadente, la Francia jacobina y la argentina Asamblea del año XIII (1813), en síntesis, celebrada por todas las burguesías del mundo avanzado, occidental y judeocristiano.
Cuando simplemente la burguesía prefiere la puta al ama de casa: su elemento e instrumento, el obrero-cosa, se prostituye en el trabajo asalariado y/o el trabajo especializado y luego práctica y limpiamente es desechado en la periferia de la villa miseria y las chabolas de chapa y cartón (suerte que luego la finanza le otorgó préstamos personales a baja tasa de interés y el estado bismarckiano una digna jubilación). El esclavo, por caro de comprar, por improductivo, por no podérselo alquilar por un jornal misérrimo, con tendencia a destruir los medios de producción y colmo de males, capaz de cometer el acto vandálico, impúdico y descarado de suicidarse, arruinando la tenencia de la costosa mercancía adquirida como sagrada propiedad privada; el esclavo era una pesada carga demasiado onerosa, demasiado estática y afincada, demasiado en mayordomía establecida de señora a la que mejor “liberar” para que vaya a vender su tiempo, fuerza de trabajo y humana dignidad, ergo a trabajar, y para que las potencias neocoloniales festejen la incesante acumulación de capital y de prostituidos con título universitario que les sirven mejor y por solo papelitos de fácil impresión, sin ninguna lealtad ni relación que tenga que perdurar necesariamente.
El viejo capítulo de la liberación de las fuerzas productivas a decir del argentino ultraliberal José Alfredo Martínez de Hoz, este caos y anarquía capitalista que los randianos, chicago boys, lamedores de coyunta de duques y lores a lo Adam Smith y otros mercantilistas propagandean, publicitan, recetan y mercadean constantemente.


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