“Dadme una palanca y moveré el mundo” dijo el excelso matemático nacido en la colonia griega de Siracusa, Arquímedes lo dijo antes de morir atravesado por la espada de un romano. Los masones de la finanza hace 30 años intentan futilmente detener la decadencia del sistema -en transición a Nosabemosdónde- que los engorda y los hace sentirse dioses en el Olimpo, mientras lo intentan, su palanquita financiera se va convirtiendo en la catapulta a ninguna parte de toda la humanidad. A instancias de David Rockefeller y otros veintitantos simios primitivos, Margaret Tatcher en Inglaterra y James Carter en EE.UU. elevaron las tasas de interés cuando las tasas de ganancia empezaban a declinar irremediablemente, restaurando la rentabilidad de las grandes empresas, pero para transferirla a los acreedores (objetivo: ganancias exponenciales, efecto secundario y daño colateral: el logaritmo disparado del desempleo); el proceso está bien documentado en trabajos de los economistas franceses Gerard Duménil y Dominique Lévy (La dynamique du capital. Un siècle d‟économie américaine, 1996; El capitalismo contemporáneo, el neoliberalismo, 1999). La indiferencia y mediocridad de estrategas globales como Brzezinski del Center for Strategic & International Sudies (y sus hijos asesorando a Obama tanto como a McCain), Kissinger (Avraham Ben Elazar, excomulgado en las diatribas acerca de la cuestión Palestina en 1976 por el Sanhedrin internacional con sede en la sinagoga neoyorkina Emanu-El), Brady, Huntington, Toffler, Friedman, Thurow y de quienes los financian está en las antípodas de lo que ellos creen: creen ser los arquitectos de una construcción perfecta e indestructible; sus intelectos y los de los pseudomarxistas que los asisten no son más que agentes químicos agresivos en un medio hostil, secuencias programadas de malthusianismo y darwinismo, la lógica formal de sus conexiones sinápticas y los algoritmos genéticos que los determinan (junto a los estímulos medioambientales) son tan primitivos como sus bostezos, eructos y secreciones, sus palabras y líneas de pensamiento son guturales gruñidos articulados y sus creencias de prospectiva y eneagramas, su fe mística en el progreso propio, tan lamentables como los conocimientos que pretendían poseer los alquimistas medievales. Condenados a desaparecer de todos modos solo pueden afirmarse en la montaña de dinero y libros que los sustentan, papel quemable e hipertextos apagables que no los salvarán del olvido general; mucho antes de eso si no vuelan por los aires producto de un “error” de cálculo militar, sus hijos o sus nietos serán atacados por la manada de lobos que ellos fomentan con sus mentadas reducciones presupuestarias, o serán sus propios descendientes en cuatro o cinco generaciones los bárbaros encargados de dilapidar el tan noble esfuerzo familiar tirando a la mierda su microtemporal prolífica obra.

“Una noche inédita cae, demasiado oscura, sobre nuestro mundo, para que levante vuelo el pájaro de Minerva” André Tosel

El Club de Roma, planificación de las ciencias financieras trilaterales, recomendó allá por 1972 en su informe “Los límites del crecimiento” la necesidad de forjar una prodigiosa sociedad posindustrial, anticipando la crisis de la OPEP y previendo los desaforados riesgos ecológicos a mediano plazo: recomendaban lo que ahora mismo le está sucediendo al corazón de la UE, la Alemania unificada, crecimiento cero para aliviar la situación. Pocos años después, en enero de 1980, un importante propulsor de la tecnocracia trilateral, el presidente norteamericano James Carter, realizaba reflexiones acerca del expansionismo imperial y el deseado colapso que un polaco impronunciable – Zbigniew K. Brzezinski- auguraba para la URSS desde hacía más de diez años, reflexiones ante un congreso que no querría escuchar hoy lo mismo, el espejo de lo mismo: “En mi opinión…la invasión soviética de Afganistán es la mayor amenaza a la paz mundial desde la Segunda Guerra Mundial. Es una escalada aguda en la historia agresiva de la Unión Soviética. Somos la otra superpotencia en la Tierra, y es mi responsabilidad…emprender acciones que impedirán a los soviéticos seguir con esta invasión impunemente.” Brillante discurso, grandiosas medidas: intervención por parte de la CIA, adiestramiento a Bin Laden, retirada soviética, fin del comunismo. Pocos años después nuevamente lo mismo: invasión a Afganistán, amenaza a la paz mundial, invasión a Irak, escalada aguda en la historia agresiva de EE.UU., pero ahora ¿qué otra superpotencia pondrá las cosas en su lugar? ¿la UE? ¿un disfuncional bloque ruso-chino? ¿la tecnificada Atlantis? No, ahora es peor y en el horizonte mediato el mismo colapso político-militar-económico que le tocó vivir a la Unión Soviética. Mentalidades precapitalistas gobernando este planeta, gestionando la regresión que sus primigenias pulsiones ansían.

24 de octubre de 2003

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