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SUBE, rastreo barato para todos barrando la existencia

GPS y tecnología celular ya pueden considerarse artilugios obsoletos para enjaular presuntos culpables y otros monstruos que incurran en falso testimonio policial. Hoy la boletera electrónica SUBE -y por falta de monedas caras de níquel- nos facilita pasajes en colectivo solo a cambio de declararnos como usuarios, apellido y documento nacional identitario mediante; luego ya podemos olvidarnos de donde estuvimos ese día a esa hora: los lectores de RFID nos lo recordarán y soplarán esa información a la central de información ciudadana y sus agentes de policía territorial, al fiscal general contraventor de la nación y al juez ordenador de todo el edificio del código Civil y Penal. Así el telespionaje de la Metropolitana se federaliza e internacionaliza en aeropuertos, bares y edificios públicos. Seremos rastread@s en todas partes por el ubicuo ojo del Orden (lo que todos quieren siempre), la Ley y nuestra cotidiana delegación del Poder en autoridades al arbitrio de las circunstancias y los valores meritocráticos conferidos. Los agentes obedecerán, pues todo trabajo de roedor de información bien realizado tiene su recompensa de quesito pecuniario en cuantos de e-money, y lo demás ya sabemos. Será el fin de las coartadas y nuestras mentiras… y el comienzo de otras mentiras producidas por conocimiento en el manejo y fraude con dichas tecnologías, las tan posibles de manipulación como cualesquiera otras.

 

 

 

 

 

 

 

A nuestros descendientes daremos el mejor de los futuros posibles: el de los protocolos de control y comunicación. El futuro cibernético de barrotes translúcidos, gelatinosos e irrompibles, si el juego de la hecatombe nuclear no se vuelve real antes de todo aquello que será y porque queremos que sea.

En mi e-pasaporte ya tengo, para viajar más suelto de cuerpo por el mundo Libre, ahora quieren darme el oficial de pobre; me resisto, no quiero ser pobre y estar vallado electrónicamente. El poder omnímodo amenaza: eso o la exclusión. Que sea la exclusión entonces, la marca a fuego es tarea de ganaderos y un trabajo de pastoreo de la manada humana. Ni pastor ni cordero, libre hasta ya no ser es libre al fin. Entiendo que fácilmente me pueden quebrar la resistencia y entiendo que en el juego del monopoly subsidiario a bajo costo agrandaron el reducto y lo que crece es Varsovia.

Un fuerte y rápido golpe humano alcanza los 1760 Kg fuerza, el golpe del tigre se estima en 4500 Kg fuerza, sin embargo el cerebro homínido y su supremacía han logrado que el débil de fuerzas enclaustre al fuerte para exhibirlo como trofeo de su “inteligencia” sin par.

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