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Al final de la Guerra de los Siete Años entre Francia e Inglaterra (la 3ra guerra mundial tras cruzadas, guerra de los 116 y guerra de los 30), el desgaste oneroso llevaría al empobrecimiento, la ruina generalizada y la bancarrota de los borbones de Francia y Navarra, que gracias al desinteresado trabajo del agente británico Jacques Necker (un antecedente de todos los economistas que pueblan el FMI y el BM), se propagaría al incumplimiento de pagos y bancarrota completa de las arcas del Estado de Francia e instauración de un Banco Central suizo-británico con órdenes de emisión, el trabajo de traspasar todo el poder al Tercer Estado (la burguesía) pero nunca desorbitado de la influencia de la Corona Británica; es que ellos habían hecho la Revolución entre orangistas holandeses y los Estuardo anglicanos escoceses un siglo atrás, en 1688. Jacobo II antes de la invasión holandesa fue el último duque normando, pero tras Guillermo III, Ana I de Gran Bretaña logró fusionar los intereses de los Estuardo herederos de Normandía y de los liberales angloholandeses anticatólicos cediendo por muerte natural el poder en su primo segundo alemán Elector de Hannover Georg I.

Los franceses libertaron a Estados Unidos solo para caer completamente en las garras y pezuñas imperiales del Lion of Judaunited Kingdom. La flor de lis de los Capeto yace pisada por el antagonista del toro Anu; Ël encarnado.

La pesada carga de la Guerra de Independencia Americana terminó siendo el parto de la ensalzada e idealizada Revolución Francesa. Los títulos de nobleza fueron abolidos en toda Francia, mas nunca en Inglaterra. El cuento cuenta que la nobleza feudal se acabó un 4 de agosto de 1789, es el mismo relato fantástico sobre el nunca reconocido agente británico de las colonias Massachusetts y Pensilvania, Benjamin Franklin gestionando el préstamo que en 1778 Luis XVI les otorgó a los colonos en su lucha contra la metrópolis, buscando revancha por los territorios perdidos antes de 1774 y bajo su antecesor Luis XV. El posterior Tratado de Versalles I en 1783 sellaría el destino trágico del monarca (considerado por masones y jacobinos como el último Capeto). El cuento de la revolución por los derechos del hombre y el ciudadano y las reivindicaciones de igualdad ante la ley, libertad de empresa, prensa y acción, además de fraternidad entre logias masónicas disfrazadas de amor al prójimo y la humanidad, es solo un cuento que nos hemos creído y está muy bien contado por judeonormandos invasores y exilados sefardíes, cuento de noble manufactura de las nobles manos hiladoras Hannover.

Barrieron con la unión de Francia y Austria en un mayor imperio continental cuando aún existía el Sacro Imperio Romano Germánico, la unión se consumaba en el matrimonio del Borbón con María Antonieta de Austria, hija del emperador Francisco I y hermana guillotinada de José II de Habsburgo, archiduque de Austria, rey de Hungría y Bohemia, duque de Milán y Romanorum imperator augustus del Heiliges Römisches Reich, para lo que inventarían al general revolucionario Napoleón y que se les volvería Emperador contrarevolucionario.

La British Liberty conduce rebaños enloquecidos aunque obedientes a la disciplina y control angloburgueses (Delacroix no lo captó en su Real esencia)

En 1815 todo terminaría en una Restauración de monarquía liberal francoespañola primero borbónica y luego de 1830 con los Orleans aún más liberal, completamente supeditadas a los designios de la inabolida monarquía británica, la que una vez más ganó el Ajedrez de la gran Guerra Permanente. Al último Bonaparte, Napoleón III, al que lo trajo la fracasada revolución de 1848, Otto von Bismarck de Prusia lo barrió, y a este el pulgar le fue bajado por Londres durante la Paz Armada a fines del XIX.

Y de los cuatro contendientes al trono de Francia ¿quién será el más díscolo y opositor feroz al mandato británico sobre los poderes de Francia y Alemania?

Todo se repetiría una vez más (motivo por el que Arthur Schopenhauer recomendaba abolir la historia o “sufrimiento absurdo” y para no rehacerla continuamente en heroicas batallas y legislaciones de siempre en lo mismo acabar) entre 1917 y 1919. En 1919 con el Tratado de Versalles II firmado entre otros “estadistas” por los banqueros Warburg, del lado francés Paul Warburg y del alemán Max Warburg; el tratado que John Maynard Keynes pronosticó traería la revancha germana tras un empate técnico en las trincheras embarradas, y por la traición al Káiser que Adolf Hitler denunció para poder masacrar a sus mayores opositores los judíos ashkenazíes tanto liberales como bolcheviques. Versalles llevó a la hiperinflación de Weimar y esta junto al crack de 1929 trajeron al mundo al nazismo, que en 1933 ya contaba con Canciller plebeyo y ávido de guerra y dominación: el führer austríaco que se comería media Europa continental en solo los tres años que van de 1939 a 1942. La monarquía Hannover-Windsor se había deshecho primeramente de Bismarck, vaciando de poder a Guillermo II de Prusia (hijo de la princesa Victoria nacida en Buckingham y nieto de puta reina Victoria I Hannover de Inglaterra, que murieron en 1901 ambas las dos) y pudiendo 24 años más tarde detonar su tan necesaria I Guerra Mundial y carnicería interimperialista. Sobre la República socialdemócrata de Weimar solo quedaban ellos cogobernando con la nobleza protestante toda la Europa Continental.

En 1917 el campesinado ruso estaba extenuado de hambre y guerra (lo estaba tanto como el francés de 1787) y solo anhelaba la paz -mir en ruso-; decididos a apoyar una revolución que les venía de afuera, apoyaron la revolución Windsor, a la mayoritaria facción bolchevique, el marxismo-leninismo doctrina pura de la vanguardia dirigente, y sobre todas las cosas apoyaron la destitución y posterior asesinato en julio de 1918 del zar Nicolás II

aquí se ve a los extintos káiser prusiano y zar ruso que el Imperio Británico se cargó y llevó a la defunción

La URSS se volvería neutral en la Gran Guerra, Wilhelm II el káiser marcharía al exilio holandés y los soviets ya no le estropearían el negocio petrolífero a Inglaterra, empeñados como estaban en erradicar a la burguesía planetaria pero soslayando la histórica beligerancia de la Corona inglesa y sus socios financieros de la casa de Rothschild. La guerra terminaría pronto, aunque luego ese campesinado y legión de hoces de los soviets y el CCCP entraría en guerra civil contra los blancos zaristas, luego vendrían las matanzas del georgiano camarada Stalin y las purgas en el ejército rojo de Trotsky, luego la invasión nazi y por último la paz fría con la CEE. La burocratización de la plenipotencia comunista, dejó al campesinado y proletariado industrial y por ley de física clásica dinámica, en el mismo punto de hambre, privaciones y privatizaciones para cuando en 1993 Yeltsin -aconsejado por su botella de vodka y por los mismos Windsor manufactureros de la Unión Soviética- comenzó el desguace del Estado. De 1919 a 1991 y en el mismo punto que nos deja un giro angular de 360° realizado a transportador y compás masónicos.

En Davos 2012 está fermentando lo que el Foro Social Mundial desde el 2001 no puede/sabe modificar ni arreglar: la barbarie poscapitalista y nuevo (des)orden de los siglos por venir.

Tenemos (nada tenemos) al bello y salvaje Estado de Naturaleza. Y tenemos los libros de Thomas Hobbes, otra gran invención de nuestra inmutable naturaleza.

De Thomas Hobbes, John Locke, Horace Walpole, Lord Shelburne, Adam Smith, William Pitt, Horatio Nelson, George Canning, Lord Palmerston, Benjamin Disraeli, Jeremy Bentham, Lord Milner, Cecil Rhodes, Winston Churchill, M. Tatcher, Anthony Blair, Gordon Brown a David Cameron.

MALDITOS BRITÁNICOS!!!

En todo esto no hay siquiera una Unidad Mínima de Progreso. Del Imperio Romano de Oriente, el Imperio Veneciano y el Imperio Español, estas brillantes inteligencias individuales han mejorado todos los procedimientos solo para dejarnos en situación análoga y a las puertas de lo que vivía Roma cuando despuntaba el siglo III.

“No pelees con monstruos si no quieres convertirte en uno mismo de ellos”

Friedrich Nietzsche

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