Ya no más negras y sucias emisiones de CO2 que le den trabajo a esos ingratos proletarios consumistas y harapientos a un mismo tiempo; siglos XVIII y XXI fusionados en las humeantes chimeneas que se apagan para que el Calentamiento Global no mate al osito panda WWF y no deshiele el ártico base y sustento del oso blanco polar, y en las tarjetas de crédito plásticas con las que los integrantes de la sociedad de consumo alinean cocaína para una prolija inhalación.

Solo emitiremos una ortopédica ilimitada cantidad de celulosa con verde tintura dolar-inflacionaria. Eso será todo. Los ambientalistas y ecologistas años después podrán intentar sintetizar clorofila para mejorar la performance de los espejos fotovoltaicos que tan bien están aprovechando la energía del sol para encender lamparitas de Hg bajo consumo, todas juntas y tantas como una docena de ellas.

Sintetizar clorofila como genial remplazo de los imperantes actuales hidrocarburos. Puesto que el hielo no le permite mucha sobrevida a la clorofila orgánica y natural de nuestra verde floresta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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