Publica Editorial Aguilar, y nuestro autor Mario O’Donnell se vuelve a explayar con la historia del caudillo y reformador José Gervasio Artigas en tiempos coloniales de España y Gran Bretaña, ya lo había intentado con Los héroes malditos, Ed. Sudamericana, Bs. As., 2004. Las lógicas menemistas y neoliberales han sido barridas por la escoba de la historia y en el nuevo punto álgido del revisionismo y el nacionalismo que el futuro nos depara, la figura de un regionalista y acérrimo enemigo del Imperio Británico puede tomar su honda dimensión esclarecedora de todo ese proceso y continuado régimen liberal que es marco general de las disciplinas siglo XIX, control siglo XX, cibermarketing siglo XXI y afianzamiento de la biopolítica en nuestros cuerpos; aunque la opinión personal del autor de este blog es que esa profundidad no caracteriza esta edición en letras grandes de relato-ensayo corto a 89$ en todas las céntricas librerías de la ciudad de Buenos Aires. Profundidad era una cuidada cualidad del maestro argentino de historiadores José Luis Romero.

Un texto solo para las tías y/o sobrinas que de historia no saben, lo que de manera alguna quita lucidez e inteligencia al ex-Secretario de Cultura alfonsinista y noventista, faltan fuentes y datos en los que nuevamente bucear y abrevar para entender que el fracaso de este Abraham Lincoln del Sud nos condenó a la dominación imperial-monetarista de la pandilla de Londres-Washington DC-Nueva York. Artigas terminaría sus días en el Paraguay libre de agentes británicos muriendo en 1850 bajo Francisco Solano López dictador; otro agente británico y educador liberal, un sanjuanino ‘inmortal’ llamado Domingo Faustino Sarmiento moriría en el Paraguay libre de desarrollo propio en 1888, tras la devastación que le mató a casi toda la población masculina y arruinó para siempre economía endógena y salida al mar hasta hoy, donde miles de paraguayos son atraídos por la seudoprosperidad argentina para escapar de la miseria y el hambre a que los esbirros sudamericanos de los Hannover los condenaron tras 1870, sellando el destino del país que el sacerdote Fernando Lugo no podrá emancipar en 2014.
Más exhumaciones del general contrario a los designios de Lord Ponsonby por fabricar un artificial Uruguay para el propósito imperial de dividir y vencer a los criollos, en libros de Delia Etchegoimberry, Ana Ribeiro, Omar López Mato y Marcia Collazo.

Pero el homenaje es de Eduardo Galeano, está en Memoria del Fuego II, Las caras y las máscaras y se llama simple Usted:

1820, Paso del Boquerón: Sin volver la cabeza, usted se hunde en el exilio. Lo veo, lo estoy viendo: se desliza el Paraná con perezas de lagarto y allá se aleja flameando su poncho rotoso, al trote del caballo, y se pierde en la fronda.
Usted no dice adiós a su tierra. Ella no se lo creería. O quizás usted no sabe, todavía, que se va para siempre.
Se agrisa el paisaje. Usted se va, vencido, y su tierra se queda sin aliento
¿Le devolverán la respiración los hijos que le nazcan, los amantes que le lleguen?. Quienes de esa tierra broten, quienes en ella entren, ¿se harán dignos de tristeza tan honda?
Su tierra. Nuestra tierra del sur. Usted le será muy necesario, don José. Cada vez que los codiciosos la lastimen y la humillen, cada vez que los tontos la crean muda o estéril, usted le hará falta. Porque Usted, don José Artigas, general de los sencillos, es la mejor palabra que ella ha dicho.

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