Con y sin patente de corso, primero hubo piratería y corsarios, filibusteros como Francis Drake, Richard Hawkins, Thomas Cavendish y Henry Morgan; en el siglo XVIII la civilización avanza tanto que comienza la nueva era del contrabando (mientras mercantilistas, fisiócratas y liberales discuten en sus libros lo que las razas inferiores de indios y negros soportan en la carne). Finalmente, otros colonizadores de mentes como John Law, William Petty, Adam Smith, Jean-Baptiste Say, David Ricardo y Thomas Malthus instruyen el librecomercio por los siglos de los siglos para que el mundo sea Uno gracias a súbditos como Horatio Nelson, Cecil Rodhes y William Walker colaborando en eso que dan en llamar reproducción ampliada del capital…

Librecambio y libremercado son la dupla inseparable y fórmula constante del credo angloprotestante, y sus embustes que seculares se repiten desde los agentes mercantilistas de la Real Orden.

Sinfonía circular para países pobres, en seis movimientos sucesivos

*Para que sean los brazos obreros cada vez más obedientes y baratos, los países pobres necesitan legiones de verdugos, torturadores, inquisidores, carceleros y soplones.
*Para alimentar y armar a esas legiones, los países pobres necesitan préstamos de los países ricos.
*Para pagar los intereses de esos préstamos, los países pobres necesitan más préstamos.
*Para pagar los intereses de los préstamos sumados a los préstamos, los países pobres necesitan aumentar las exportaciones.
*Para aumentar las exportaciones, productos malditos, precios condenados a caída perpetua, los países pobres necesitan bajar los costos de producción.
*Para bajar los costos de producción, los países pobres necesitan brazos obreros cada vez más obedientes y baratos.
Para que sean los brazos obreros cada vez más obedientes y baratos, los países pobres necesitan legiones de verdugos, torturadores, inquisidores…

Eduardo Hughes Galeano

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