Tigre y peronista, mono las pelotas!!! (Leonardo Favio en cita apócrifa de José María Gatica)

Los neofranquistas no reconocen bloques regionales como UnaSur y por más que miren a EE.UU. se dislocarán el cuello y quedarán esperando una protección que no va a venir. Corre en estampida un proceso hiperinflacionario mundializado y no habrá casi margenes de maniobra para asistir polluelos y otros gansos. A los planificadores sinarquistas, fabianos y unimundialistas ahora que ya no les quedan mas cartas sobre la mesa y quieren salvar sus propios timos compulsivos que destruyeron toda la economia-casino, se les ocurre que la Glass-Steagall de 1933 por ellos derogada en 1999 no estaba tan mal. Así opera la Intelligentzia británica contemporánea.

y porque hubo hechos, vida e Historia antes del ni yankys ni marxistas, simplemente peronistas.

Hubo europeístas y ludditas destructores de máquinas antes de Gramsci y de Perón, ellos ambos los dos odiando al apolítico indiferente.

Hay dos grandes grupos: el primero es de los indiferentes, que algunos llaman la opinión independiente.  Eso es indiferencia, que en el orden político puede llamarse estupidez política. (…) Algunos dicen: hay que captar la opinión independiente. Grave error. Eso no se capta nunca, porque está tres días con uno y tres días contra uno. Esa opinión es la que no debe interesar al que conduce. Algunos han perdido lo que tenían por ganarse la opinión independiente. A esos hay que dejarlos al margen y no tratar de conducirlos. (…) Esos no nos interesan. A ésos no los vamos a captar nunca. Y si los captamos, son elementos de disociación dentro de la organización política, porque ellos están siempre en contra, algunas veces de las cosas buenas y otras veces de las cosas malas. Porque un argentino que conoce su patria y que la quiere y no haya tomado partido en eso, no debe tener grandes condiciones de patriota ni grandes condiciones morales.(…) El otro grupo es el de los opositores, que yo respeto más que a los independientes. Los respeto más porque siquiera, equivocados o no, tienen su idea y la defienden. Cuando un hombre dice: “yo soy apolítico”, es como si dijera “yo soy un cretino”. No digo lo mismo de un opositor que no comparte mis ideas. Pienso que es un equivocado, pero nunca pienso que es un cretino. Juan Domingo Perón (1951)

Odio a los indiferentes. Creo que vivir quiere decir tomar partido. Quien verdaderamente vive, no puede dejar de ser ciudadano y partisano. La indiferencia y la abulia son parasitismo, son bellaquería, no vida. Por eso odio a los indiferentes.
La indiferencia es el peso muerto de la historia. La indiferencia opera potentemente en la historia. Opera pasivamente, pero opera. Es la fatalidad; aquello con que no se puede contar. Tuerce programas, y arruina los planes mejor concebidos. Es la materia bruta desbaratadora de la inteligencia. Lo que sucede, el mal que se abate sobre todos, acontece porque la masa de los hombres abdica de su voluntad, permite la promulgación de leyes, que sólo la revuelta podrá derogar; consiente el acceso al poder de hombres, que sólo un amotinamiento conseguirá luego derrocar. La masa ignora por despreocupación; y entonces parece cosa de la fatalidad que todo y a todos atropella: al que consiente, lo mismo que al que disiente, al que sabía, lo mismo que al que no sabía, al activo, lo mismo que al indiferente. Algunos lloriquean piadosamente, otros blasfeman obscenamente, pero nadie o muy pocos se preguntan: ¿si hubiera tratado de hacer valer mi voluntad, habría pasado lo que ha pasado?
Odio a los indiferentes también por esto: porque me fastidia su lloriqueo de eternos inocentes. Pido cuentas a cada uno de ellos: cómo han acometido la tarea que la vida les ha puesto y les pone diariamente, qué han hecho, y especialmente, qué no han hecho. Y me siento en el derecho de ser inexorable y en la obligación de no derrochar mi piedad, de no compartir con ellos mis lágrimas.
Soy partidista, estoy vivo, siento ya en la consciencia de los de mi parte el pulso de la actividad de la ciudad futura que los de mi parte están construyendo. Y en ella, la cadena social no gravita sobre unos pocos; nada de cuanto en ella sucede es por acaso, ni producto de la fatalidad, sino obra inteligente de los ciudadanos. Nadie en ella está mirando desde la ventana el sacrificio y la sangría de los pocos. Vivo, soy partidista. Por eso odio a quien no toma partido, odio a los indiferentes. Antonio Gramsci (1917)

Pero además de lo que acontece en los siglos XX y XXI, aconteció un siglo XIV que aunque lejano no tan distinto:

Antonius Block juega al ajedrez contra la muerte y sus piezas negras, pierde sin remedio

Hubo Peste Negra tras la caída de las casas de Bardi, Peruzzi y otros rapiñeros de la usura financiera del Trecento. La Nobleza Negro-Güelfo Serenísimo-Veneciana sigue haciendo lo mismo que 7 siglos atrás, lo mismo otra vez. Y sus consecuencias siempre son prolongadas en el tiempo.

Nuestras deficientes generaciones de energía y riqueza productiva se vuelcan a los naipes, la ruleta, la quiniela, los casinos y las bolsas de vaporware, suben las acciones de Tenaris, bajan las de IRSA, bajan las de Apple y suben las de Enron y 3Com que quebraron pero no importa… sigamos rifando el presente y edificando sólidos, prominentes futuros.
Leer a Michio Kaku, emérito de Harvard, Berkeley y Princeton en física relativista general, teoría de cuerdas cuánticas y otras funciones del colapso de onda nos da la respuesta: la ciencia apesta a financiamiento liberal y discípulos émulos de Fukuyama más que de Einstein-Planck-Gödel-Dirac.

La física del futuro. Cómo la ciencia determinará el destino de la humanidad y nuestra vida cotidiana en el siglo XXII. Traducción Mercedes García Garmilla. Debate. Primera edición en noviembre 2011.  $ 105

También desde una óptica optimista, neopositivista y puramente mercantilista se avecina una revolución en la producción que es pre-nanotecnológica y que ya fue anunciada varias veces por precuelas y secuelas de esos autores que tanto nos gustan a los de la anticipación y precognición del mundo como devenir y potencial; en dónde el sufrimiento humano debe ser sacrificado en los altares de la ciencia infocomunicacional y sistémica sin más. Lógica compulsiva y dominatriz sin más.

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