Y el primer día dijo el dinero: todos los cuerpos serán prostituidos en mí por los siglos de los siglos, todas las mentes serán apresadas y enjauladas por mí en los siglos venideros y dio la orden a Creso rey de Lidia de acuñar moneda y no descansó. Y en su segundo día el dinero hizo decir a Cristo: dad al César lo que es del César y dad a Dios lo que es de Dios, acrecentándose sin reverso la inmensidad del imperio, el imperio que se caería convirtiéndose al cristianismo, el Hombre por el que Mateo había dejado su trabajo de recaudador de impuestos. Hubo un tercer día para el dinero: mientras entraba en ocaso para todo el Occidente cristiano, enseñó a los chinos a emitir papel moneda, más barato, más abundante, el árbol y su corteza remplazando al vil metal. Y en cuarta jornada el dinero se esparció por toda la Tierra, florecieron las olvidadas ciudades del poniente y todos compraron, vendieron, pesaron, midieron,  cotizaron, acumularon, todos calcularon como nunca antes. En un quinto día el dinero habló por boca de Marx: en un futuro cercano todas las relaciones interpersonales serían solamente relaciones comerciales, la mercantilización de todas las cosas convertiría a los humanos en lo que actualmente son -una cifra, una variable. Y en su sexto día el dinero se movió a velocidad luz por todos los cuerpos, todos los cables y todas las señales radioeléctricas, tarjetas de crédito, débito, cheques, bonos, letras, acciones, códigos binarios y códigos genéticos; pero ahora ya viejo se encontraba extenuado mientras ni siquiera podía detenerse a contemplar el cadáver del socialismo soviético y realpolitik. En séptimo día el dinero ordenó la implosión del sistema planetario, el derrumbe majestuoso de su gran albergue Madre Tierra, el mundo tornose rojo, marciano y lo vio desacontecer. Y el dinero finalmente descansó.

                                                REQUIESCANT IN PACE FIAT PECUNIA

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