respecto de una Europa central 1850 devastada y extenuada hasta el exhausto…

Un químico alemán derrotó de antemano a los vencedores de la Guerra del Pacífico; es historia del salitre, su auge y caída, tan ilustrativa de la duración ilusoria de todos los monocultivos y prosperidades latinoamericanas en el mercado mundial, de el siempre efímero soplo de las glorias y el peso siempre perdurable de las catástrofes.

A mediados del siglo pasado, las negras profecías de Malthus planeaban sobre el Viejo Mundo. La población europea crecía vertiginosamente y se hacía imprescindible otorgar nueva vida a los suelos cansados para que la producción de alimentos pudiera aumentar en proporción pareja. El guano reveló sus propiedades fertilizantes en los laboratorios británicos; a partir de 1840, comenzó su exportación en gran escala desde la costa peruana. Los alcatraces y las gaviotas, alimentados por los fabulosos cardúmenes de las corrientes que lamen las riberas, habían ido acumulando en las islas y los islotes, desde tiempos inmemoriales, grandes montañas de excrementos ricos en nitrógeno, amoníaco, fosfatos y sales alcalinas: el guano se conservaba puro en las costas sin lluvia de Perú. Poco después del lanzamiento internacional del guano, la química agrícola descubrió que eran aún mayores las propiedades nutritivas del salitre, y en 1850 ya se había hecho muy intenso su empleo como abono en los campos europeos. Las tierras del viejo continente dedicadas al cultivo del trigo, empobrecidas por la erosión, recibían ávidamente los cargamentos de nitrato de soda provenientes de las salitreras peruanas de Tarapacá y, luego, de la provincia boliviana de Antofagasta. Gracias al salitre y al guano, que yacían en las costas del Pacífico “casi al alcance de los barcos que venían a buscarlos”, el fantasma del hambre se alejó de Europa.

Las Venas Abiertas de América Latina, 1971

1879, Islas Chinchas. El guano

De pura mierda estaban hechas las colinas que se alzaban en las islas. Durante milenios, millones de aves habían concluido su digestión en las costas del sur del Perú. Los incas sabían que este guano era capaz de resucitar cualquier tierra, por muerta que pareciera; pero Europa no conoció los mágicos poderes del fertilizante peruano hasta que Humboldt llevó las primeras muestras. El Perú, que había ganado prestigio mundial por la plata y el oro, pudo perpetuar su gloria gracias a la buena voluntad de los pájaros. Hacia Europa navegaban los navíos, cargados de guano maloliente, y volvían trayendo estatuas de puro mármol de Carrara para decorar la alameda de Lima. Venían las bodegas repletas de ropas inglesas, que han arruinado los telares de la sierra sureña, y vinos de Burdeos que han liquidado los viñedos nacionales de Moquegua. Casas enteras llegaron a El Callao desde Londres. Desde Paris se importaron hoteles completos, de lujo, con cocinero y todo. Al cabo de cuarenta años, están arrasadas las islas. El Perú ha vendido doce millones de toneladas de guano, ha gastado el doble y ahora debe a cada santo una vela.

1879, Desiertos de Atacama y Tarapacá. El salitre

La guerra no estalla por el guano, que poco queda. Es el salitre quien lanza al ejército chileno a la conquista de los desiertos, contra las fuerzas aliadas de Perú y Bolivia. De los estériles desiertos de Atacama y Tarapacá sale el verdor de los valles de Europa. En estas soledades no hay más que lagartijas escondiéndose en el pedrerío y piaras de mulas acarreando hacia los puertos del Pacífico los cargamentos de salitre, grumosa nieve que devolverá el entusiasmo a las cansadas tierras europeas. Nada hace sombra en este mundo sin nada, como no sean las fulgurantes montañas de salitre secándose al sol en el desamparo y los obreros miserables, guerreros del desierrto que usan por cota una ruinosa bolsa de harina, piquetes por lanzas y palas por espadas. El salitre o nitrato resulta imprescindible para los negocios de la vida y la muerte. No solo es el más codiciado de los fertilizantes. Además, mezclado con carbón y azufre se convierte en pólvora. Lo necesitan la agricultura y la próspera industria de la guerra.

Memoria del Fuego II.  Las Caras y las Máscaras (1984)

Ese químico alemán fabricante de fertilizantes era Friedrich Bayer, y qué no podría pasar hoy con el agresivo monocultivo de soja que no fuese a pasar a mediados del siglo XIX aunque los paliativos del guano y el salitre lo refrenaron hasta la utilización masiva de nitratos industriales que reverdecieron el continente de Bayer, mientras los emigrantes campesinos e iletrados iban saliendo por millares a poblar y labrar los terruños de los criollos y americanos al tiempo de la reconversión agropecuaria expulsora de mano de obra labriega.

En 1880 Perú y Bolivia perdieron su salida al Pacífico a manos de Chile, a Perú le quedo un bordecito y a Bolivia nada. El litigio y diferendo bajo égida británica se está resolviendo ahora mismo.Piñera como agente UK. Londres, 16 de noviembre de 2012

Piñera como agente UK. Londres, 16 de noviembre de 2012

Y la sentencia será definitiva a mediados de 2013 ¿Acatarán las partes el fallo? Todo indica que no, que no se someterán a arbitrio, que guerrearán como en 1879 una vez más; nuevamente guerrearán bajo la égida del Imperio Británico.

El destino es la máquina cuántica universal y autoprogramada de la empiria causal-consecuente. No podemos abstraernos de esa lógica, ni abandonarla, ni torcerla. Pero por lo menos podemos saberlo, asumirlo y aceptarlo. Podemos abrazar nuestro destino y los factores benéficos que en ello han influido.

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