Una Vida Poco Ejemplar:

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En julio de 1841 un treintañero Edgar Allan Poe escribe su gran cuento The Gold Bug (El escarabajo de oro), relato criptográfico que cuenta las complejidades deductivas de trabajos como el que consumó unos años antes Jean-François Champollion descifrando Rosetta en París. Poe luchó duramente por años para vivir de su prosa, intento que ningún escritor estadounidense anterior se propuso, ejerció el periodismo de decir lo que haya que decir y que hoy podría recordarles a muchos cronistas actuales que de no trabajar para los dueños de los mass-media, todo aquel bueno con la pluma también es digno de trabajar en una fábrica de esos patrones que quieren jóvenes dóciles y baratos, asuntos que consagrados literatos contemporáneos a Poe entendían perfectamente: Withman, Hawthorne o Melville. Lo que nadie puede negar hoy día, obrero o intelectual posmoderno es el talento del caústico Poe para ver y contar lo real y lo espectral, solo se trata de leerlo y patear el audiovisual a por lo menos 1,5 metros de distancia con desdén y sin furias de caprichos agresivos y tendencia antisocial, claro.

Edgar era un personaje shakespereano de la obra El rey Lear que sus padres estaban interpretando en Boston al nacimiento de éste en 1809. De ascendencia irlandesa es componente del destino compartido de otros grandes de esa estirpe nacional del norte de Europa, a él se deben los primeros cuentos policiales, otros góticos y de misterio de gran calidad y los primigenios intentos con la ciencia ficción, Poe fue profundamente admirado por el gran Jules Verne. Huérfano luego de padre y madre gracias a la pobreza y la tuberculosis es adoptado por los Allan, familia pudiente de Richmond donde los negros y las mulatas antes de inventar el jazz y el blues trabajaban de sol a sol para que los probritánicos fumen bien y luzcan sus bonitas camisas blancas algodonadas, su padrastro marcó profundamente al escritor (tanto como el hierro con el que marcaba a los esclavos que traficaba, que es de dónde vienen todas las marcas que hoy nos gusta hedonista y simpáticamente comprar). Educado en las buenas costumbres y tradición escocesa e inglesa Poe hizo prodigiosos progresos con las palabras mientras devoraba revistas y narraciones folklóricas anglosajonas, más tarde estudió en la Universidad de Virginia y rompió con su padrastro quien lo desheredó (mala suerte y a otra cosa). Los perpetuos problemas con el scotch y otros brebajes de peor calidad comienzan en 1826 (no había publicidad de lo buena que es el agua mineral para limpiar las toxinas del sentir, pensar y querer vivir más, además de seguir escribiendo y querer cambiar el mundo bien no sabemos para qué), aunque la causa era el azar y seguir perdiendo las apuestas y un padrastro que se funde con nuestro mal proceder por lo que bien desheredado pues. Más tarde a falta de trabajo se fue a ejercer de soldado y era muy joven, solo tenía 18 años. Escribió Tamerlán y otros poemas y se decidió a hacer carrera en West Point (un orgullo para su padrastro) y llegó, llegó a una corte marcial y en 1831 fue expulsado del servicio a la Patria al servicio de la Madre Gran Bretaña. Entonces como los poemas no se venden y al pan hay que comprarlo Edgar (libre de Allan) Poe consigue trabajo de periodista: más avatares, no se practica el copyright y todos plagian (como ahora) y el pánico de 1837 hunde las incipientes bolsas (como las gigantescas de ahora) mientras EE.UU. le roba territorio y ovejas y carretas y oro y futuro petróleo a México (como ahora) y Poe bebe para sentir algo dulce o agridulce o placentero como el café, el tabaco, el coito y otras sustancias (Poe no hizo al mundo y solo le toca padecerlo y esquivarlo como ágil pugilista que debe ser para su bien y el futuro de la literatura de ese país fornido que se desarrolla día tras día y dispara bravuconadas y escopetazos Colt hacia el Oeste y más Oeste). Los problemas de faltantes y humillaciones seguirían pues no habría Engels para este Marx y entre padecimientos y afecciones llegarían los primeros 50 dólares por premio a su relato Manuscrito encontrado en una botella. Entonces se posiciona como redactor de un periódico de Richmond, pero el incorregible necesita embriaguez y la embriaguez lo desaloja de su nuevo puesto y otra vez a nadar una vez arrojado por la borda, o remar o nadar como encrucijada en la vida de todo agente literario sin billetes para publicar, pero claro la mala conducta y los defectos son todos de él y el escarmiento le hace bien, porque le hace escribir mejor (problemas del andar borracho pero despierto en la placenta social o Matrix capitalista) y John Allan muerto un año antes que no le había dejado ni un penique, pero es cierto que la entrada al Cielo tiene un precio y no se puede derrochar en desobedientes y díscolos -mejor es un lindo mausoleo y una sólida lápida en donde nadie nos vea ni recuerde el prestigio adquirido en vida de comerciar y bienganar, que Poe se lo hubiese patinado en afganas amapolas y sedantes para el sistema nervioso central cuando solo contaba con 25 o 26. Pero tenaz, Edgar volvió a ser redactor y se casó por segunda vez con su niña prima, felicidad no hubo, pero no es de felicidad de lo que está hecha la Vida. Y entonces en medio de subsecuentes estrecheces comenzó a publicar como nunca antes durante toda una década, porque ahora conocido era deseada su pluma no tan importuna como elegante, su pensamiento no tan obsesivo aunque gigante, su inmenso arte de narrar. En Nueva York murió en 1847 su mujer Virginia Eliza Clemm y Edgard se sumió en el pozo más hondo y sin fondo de todos los pozos que ya había conocido en su treintena de años, pero este le daría definitiva sepultura, cosas del amor y cosas de la dolencia compartida. Buscó más mujeres sí, pero de nada sirvieron pues todo era más tambaleos y más inestabilidad. El gran Edgardo escribió hasta el final y el triunfo de Barack Obama como presidente de ese mismo país cada vez más agresivo militar y económicamente, un mulato comprado por Wall Street desde su bufete de abogado en Chicago, revela lo vano que ha sido el largo peregrinaje o espera de Poe a lo largo de sus cuarenta años por un mundo menos estúpido que el que actualmente nos toca vivir. Al gran Edgardo, como recitara en su trova el poeta cubano Silvio Rodríguez. Te admiramos Edgardo.

basado en la Wikipedia de nuestros días, con amor por lo mejormente humano, Otelo.

Fuente: RadioNiza

La Carta Robada   portabledf    [97.8 KB]

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   El Gato Negro      portabledf    [64.2 KB]

Mi vida ha sido capricho, impulso, pasión, anhelo de la soledad, mofa de las cosas de este mundo; un honesto deseo de futuro  2 de julio de 1844.

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Penitient

el penitente

Poe’s grave

Virginia Clemm de Poe

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