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Romanos de todo el mundo, sabedlo…

No todos los caminos conducen a Roma, por la embajada a veces no se puede.

La opulenta expansión del Imperio Romano estaba basada en la conquista de tierras ajenas. Cuando el ejército romano conquistaba un lejano país, incautaba sus riquezas de oro y plata y las llevaba a Roma. Con esos metales se podía acuñar moneda, y así gastar fortunas en caros y exóticos productos de consumo traídos de Oriente, especialmente, del Imperio Chino, y pagar los muy cuantiosos gastos del propio ejército. A su vez, las poblaciones de las tierras conquistadas eran esclavizadas y se las obligaba a trabajar para el imperio. Los hombres debían labrar las tierras de sol a sol y las mujeres más bellas eran obligadas a trabajar de esclavas sexuales. Los ejércitos rivales, tras ser diezmados en los campos de batalla veían cómo sus generales eran asesinados sumariamente, sus hombres más valientes enviados a morir en el Coliseo como gladiadores, y la soldadesca era asimilada para ser masacrada en las primeras filas de próximas batallas contra otros pueblos. Todo el auge y expansión del Imperio Romano se dio bajo esos parámetros: el robo, el pillaje, el saqueo y la expoliación de los vecinos conquistados. Parecía un sistema infalible, y de hecho lo fue hasta que todo el sistema económico entró en contradicción. Para pagar los inmensos costos militares eran necesarias nuevas guerras. Si no las había, en tiempos de paz, mantener las legiones en los límites del imperio significaba un costo abrumador. Así, la guerra resultaba imprescindible para que el propio ejército pagara, merced a los botines, sus propios costos. La guerra era un negocio. La paz, no.
Llegó un momento, entonces, en el que no era factible seguir intentando conquistas, dado que mares, montañas y desiertos lejanos comenzaban a resultar estorbos demasiado costosos de flanquear, de manera que los botines de guerra comenzaban a resultar insuficientes para financiar los propios costos de la guerra y los gastos administrativos que había que sufragar cada vez que el imperio se instalaba en una lejana comarca. Cuando esto ocurrió, los emperadores y el senado decidieron inventar un artilugio para poder seguir manteniendo la situación claramente deficitaria del Estado sin por ello aminorar su fastuoso consumo: alterar el valor de la moneda.
Fue así como antiguas monedas de oro y plata se fundían en nuevas aleaciones que tenían cada vez menos oro y menos plata y más cobre y estaño, respectivamente. Durante un tiempo el truco funcionó, debido, sobre todo, a que el porcentaje de oro y plata de las nuevas monedas todavía era muy alto. Pero rápidamente el sistema monetario entero del Imperio comenzó a colapsar. Tanto es así que en un período de sólo cincuenta años el denario romano pasó de tener un 70% de plata a sólo un 10%. En el año 218, el emperador Heliogábalo en un rapto de imaginación desbordante decidió hacer la moneda romana solo de cobre. Craso error, los comerciantes del Oriente no aceptaron esa moneda, lo que representó un muy rudo golpe para Roma. Sólo dos años más tarde, en el 220 d.C, la plata era tan escasa en Roma que la depreciada moneda imperial no tenía ya respaldo alguno en ese metal. Como consecuencia de ello, el imperio repudió su deuda pública. Esto resultó en la definitiva caída de Roma como gran comerciante mundial, y en la imposibilidad del gobierno de pagar su fuerza militar.
Como la maquinaria militar significaba un enorme costo que afrontar, y, con frecuencia, no generaba los suficientes recursos para pagar sus propios gastos, las aventuras militares se fueron convirtiendo en fuente de pérdidas, en vez de aportar ingresos. Y como no existía el papel moneda, ello produjo un flujo hacia fuera del Imperio de todo el oro y la plata que los romanos habían conseguido como parte de sus botines de guerra. A partir de ese punto, el destino del imperio estaba sellado: la fragmentación, la anarquía, la pérdida de todo poder y autoridad y el inexorable declive económico hasta el punto de que la subsistencia diaria constituía un problema.
Pero los dislates económicos no concluyeron allí, el latifundio y la falta de previsión para cuidar la ecología de las tierras del imperio hizo declinar su fertilidad. Como durante largos años se intentó obtener beneficios demasiado altos de las tierras suprimiendo los períodos de descanso o “barbecho”, los suelos conquistados comenzaron a perder su riqueza, con lo que las cosechas comenzaron a declinar. De tal manera, dado que ya no había oro ni plata para poder importar alimentos del exterior, las alzas en el precio de los alimentos, la carestía y la escasez en un pueblo con cada vez mayor cantidad de habitantes, comenzaron a producir un clima social de pobreza y desesperación.
Para colmo de males, como tampoco se había hecho una adecuada planificación de la administración de los recursos energéticos, comenzó a dificultarse, incluso, cocinar y calefaccionar las casas. Ocurre que los romanos talaron los bosques de su imperio con una rapidez alarmante. La madera y la leña, o sea, las fuentes principales de energía de aquella época, eran en un principio bienes baratos, dado que su disponibilidad era muy abundante. Sin embargo, con el paso del tiempo, y sobre todo a medida que no pudieron continuar adelante con las conquistas de nuevas tierras, en vastas zonas del imperio comenzaron a resultar bienes muy difíciles de conseguir, de forma que amplios sectores de la población quedaron sin poder cocinar sus alimentos y calentar sus casas.

Walter Graziano, Nadie vio Matrix (2007).

¿Pero todo esto ya ocurrió? ¿acaso el tiempo es igual que el reloj contenedor un objeto circular?

denario: moneda de plata equivalente a 4 sestercios y moneda de oro equivalente a 100 sestercios.

dinastía Severa: fundada tras golpe de estado por Septimio Severo en 193 d.C, general africano que reinó hasta 211. Lo sucedió Caracalla, quien dio la ciudadanía romana a todos los plebeyos y súbditos del imperio y murió en guerra contra los iraníes de aquel tiempo, los partos y sasánidas en 217 d.C. Continúa Heliogábalo entre los años 218-222 d.C, proclamado emperador por su legión y asesinado por los pretorianos. Por fin asume Alejandro Severo, permisivo con judíos y cristianos. En el año 235 d.C muere en una revuelta militar y con él la dinastía estallando una prolongada anarquía militar (26 emperadores en 33 años).

El pasado es el futuro. Roma cae y todos los bárbaros del mundo caen con ella. Cronistas y analistas romanos sentimos inmensa pena por una humanidad que da vueltas y vueltas para llegar siempre al mismo lugar. Ninguno.

XXIX de II de MMVIII

Legione romana

Todo sigue igual que antaño, igual que en el siglo III d.C. e igual que ayer y siempre.

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