del británico imperio e imperecedero, su enemigo público favorito número 1 en toda la Banda Oriental, a los 32 años militar (presentose un 10 de marzo de 1797 ante autoridades de la gobernación montevideana) y a los 56 exiliado político por el resto de sus días.

José Gervasio Artigas Arnal

A Usted General:

1820, Paso del Boquerón: Sin volver la cabeza, usted se hunde en el exilio. Lo veo, lo estoy viendo: se desliza el Paraná con perezas de lagarto y allá se aleja flameando su poncho rotoso, al trote del caballo, y se pierde en la fronda.

Usted no dice adiós a su tierra. Ella no se lo creería. O quizás usted no sabe, todavía, que se va para siempre.

Se agrisa el paisaje. Usted se va, vencido, y su tierra se queda sin aliento

¿Le devolverán la respiración los hijos que le nazcan, los amantes que le lleguen? Quienes de esa tierra broten, quienes en ella entren, ¿se harán dignos de tristeza tan honda?

Su tierra. Nuestra tierra del sur. Usted le será muy necesario, don José. Cada vez que los codiciosos la lastimen y la humillen, cada vez que los tontos la crean muda o estéril, usted le hará falta. Porque Usted, don José Artigas, general de los sencillos, es la mejor palabra que ella ha dicho.

Eduardo Galeano, Memoria del Fuego II: Las caras y las máscaras (1984)

Luego, su sobrino Gabriel Antonio Pereira llegaría a presidente constitucional del colorado Uruguay para 1856. Otro territorio, otra Nación hubiese sido posible, no lo fue.

La muerte al general Venancio Flores, un 19 de febrero de 1868

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