Ensayista, cuentista, literato imborrable para quienes hayan leído Memoria del Fuego en sus tres tomos, el mayor historiador bajo forma literaria de la adaptación sensible de los documentos que siguieron a la obra colonizadora de España y las potencias del siglo XVI sobre América y hasta el presente, el mayor historiador narrando la historia de la codicia en toda la América latina. Los que aman la historia que nos descubre el pasado, hace entender el presente en su relación y sin llegar a predecir permite ver tendencias a futuro de todo ese peso de errores mayores y pequeños aciertos de antaño, estaremos de luto durante muchos meses, sus escritos imitables pero imposibles de alcanzar nos van a faltar por aún años. Nuestro mentor a la hora de pensar, escribir, denunciar, celebrar y desenmascarar por intento de evitar los ciclos recurrentes de yerros y pecados y maldades sin final, por amor de la verdad diciéndole a quien la quiere y a quien no, qué, cómo, cuándo, dónde y por qué ocurrió lo que ocurrió, se ha alejado, enmudecido y nos deja desprovistos de abrigo, de voluntad y de sentido en la tarea de los días de poco amor y mucha guerra que desamparan, desconciertan y convencen de que el mundo seguirá tras su partida de mal a peor y a más aún peor. Hoy lo empezamos a llorar como a un hermano mayor, amigo tutor, tío entrañable o padre de ideas se lo llora, a usted señor Eduardo Hughes Galeano.

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“Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen.”

lo que en vano es, que llegue a haber luz (y la luz no se hizo)

lo que en vano es, que llegue a haber luz (y la luz no se hizo)

“¿Qué es la muerte para usted?”, le preguntaron a Galeano

Galeano y la muerte

Galeano y la muerte

“A veces me angustia. A veces le tengo miedo. A veces me resulta indiferente, y otras veces, las más frecuentes, creo que la muerte y el nacimiento son hermanos. Que la muerte ocurre para que el nacimiento sea posible. Y que hay nacimientos para confirmar que la muerte nunca mata del todo” responde un optmista Galeano.

La muerte no es un cajón cristiano y una montaña de flores, es mucho menos que eso una cremación romana de nuestras células y tejidos corpóreos; es un asunto insondable y demasiado profundo y de una densidad sin equivalencias con respecto a todo lo que conocemos en vida; nos despoja, nos iguala, nos obliga a entender que somos polvo y nada mejor que ello en ese viento de nuestros días que nos lleva bajo su designio caprichoso a dónde nunca pensamos ni soñamos (y solo a veces sí, allí mismo donde lo habíamos deseado).

en el Palacio Legislativo de Montevideo

en el Palacio Legislativo de Montevideo

desde Argentina

desde Argentina

 

 

 

 

desde Venezuela

desde Venezuela

Gracias por el fuego (el fuego de sentir y de saber)

Gracias por el fuego (el fuego de sentir y de saber)

el sendero de lo vivo

el sendero de lo vivo

No creo en ella sostenía Andy Warhol, argumentaba que él no se encontraría presente en ese 22 de febrero de 1987 que se lo llevaría en cuerpo y alma, nosotros que sí estuvimos allí y después también sí creemos en ella. Envejecemos, nos enfermamos y morimos en un Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida y espiritual que nos acompaña desde siempre, nuestros telómeros se recortan y perdemos destrezas y masa muscular si un abrupto accidente no se nos interpone anticipadamente en la delgada línea que lleva de nosotros a una ausencia.

Esa larga y penosa enfermedad que nuestras carnes no soportan se llama cáncer y Galeano siempre prefería nombrarla aunque no anticipó de su pulmón tomado a los extraños y no allegados; esa enfermedad que en geopolítica equivale a la hipertrofia financiera y parasitismo metástico de los de USA desparramados en bancos de lucro incesante y bases militares que agreden todo lo que les rodee, con la monedita imperial amenazada cual Heliogábalo Severo devaluando en 218 d.C. y modificando la aleación de oro y cobre o plata y estaño en detrimento de los metales nobles, como bajo la anarquía y crisis militar del siglo III con la tropa imperial romana fuera de control en cada sector de legiones abandonadas, desbocadas y entronizando emperadores por los siguientes 15 minutos de fama antigua, el cáncer entrópico que se vuelve a hacer presente en nuestros días recientes y aún por llegar.

La muerte que estuvo siempre antes de nuestro nacimiento y que estará por siempre después de nuestro fallecimiento es la más vasta absurda expresión de la patología biológica que no controlamos ni podremos jamás. En ese breve y conciso fogonazo y chisporroteo en que somos y ya no somos, ese resplandor que bulle entre dos inmensas eternidades de nada y oscuridad está todo el secreto de qué hacemos aquí y cómo somos incapaces de conducir un camino que nunca nos pertenció, pertenece ni pertenecerá, no hemos comprendido la vida ni confeccionado a nuestra especie en ese interminable mecanismo de reproducirnos sin poder planificar absolutamente un solo evento trascendente al caos de choques, colisiones y contrastes que nos permite dejar trazos y grafos a futuro. Para los que lo aprendieron como amateur oficio del mismo Eduardo Galeano ya no será más lo que alguna vez fue, es más un fin que un comienzo. Quedan los libros, pero solo por otro brevísimo instante de Tiempo.

con sus amados

con sus amados

El Sistema, Días y Noches de Amor y de Guerra (1978):

que programa la computadora que alarma al banquero que alerta al embajador que cena con el general que emplaza al presidente que intima al ministro que amenaza al director general que humilla al gerente que grita al jefe que prepotea al empleado que desprecia al obrero que maltrata a la mujer que golpea al hijo que patea al perro.

Pero mientras vivos siempre podemos más activa o más pasivamente formar parte de la cadena de mandos que nos subyuga y obedecemos hasta el final en lo que llamamos sistema, estilo de vida occidental o con mayor propiedad aún: socialización de la experiencia en la autoorganización moderna de la humanidad encadenada a los ritos absurdos que rinden culto al dios Dinero.

con Mujica

con José Mujica

 

 

 

 

 

 

 

El miedo mata y la falta de miedo también ¿miedo a qué? Miedo a lo inexorable. Pero el miedo concluirá.

el miedo se esfumará

el miedo, la muerte, el dinero se esfumarán y se diluirán

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