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Anticatólica, anticlerical, comenzando en la Lombardía y perseverando en Baviera, Venecia, Netherlands, Hannover y Londres, de casta oligárquica y genocida, de los schwarz Welfen o güelfos negros, siempre medievales, siendo regresivos y tan oscurantistas como su contraparte ilustrada/iluminada de las logias unificadas. Con ellos y sus bienes en el Club de las Islas que en 1971 por Bernardo de Holanda consorte de la reina Juliana, padres de Beatriz de Orange-Nassau, lacayos ellos de los Windsor que a su mayor gloria fundaron; por todos ellos la Tierra será siempre nuestra prisión y elevarnos con propulsores de hidrógeno jamás lograremos para ir más lejos, por más que Daniel Estulin cuente que tras las burbujas de las commodities y los mercados emergentes ahora comienza el tiempo de una carrera espacial renovada y con bríos que nos pondrá en la Luna en 2020 y en Marte en 2030 y con Elon Musk en su SpaceX Falcon Heavy llegaremos pronto a Calisto y Titán. Aunque nunca fue negocio de los nobles y banqueros internacionales que nos escapemos a su control y megalomanía de ritos de adoración a la Naturaleza y la fauna de la que forman parte, entre otros paganismos.

libro 2009 de Kenneth Rogoff

libro 2009 de Kenneth Rogoff

El paganismo está en la ecología de la encíclica vaticana Laudato Si, está en la pseudociencia de James Lovelock de su Hipótesis Gaia, está en el cuento de la Madre Tierra como Ser. El planeta no es una entidad biológica, la metereología, geología u oceanografía tampoco lo son. La Pachamama no es un interactoma orgánico en donde la vida sustenta el equilibrio logrado y si la producción de proteinas fracasa o muta, y si sobreviene mielodisplasia o cirrosis histopatológica entonces todos los biomas desaparecen y el planeta se reseca perdiendo su agua y atmósfera que se escapan al espacio exterior. Es para pensarlo detenidamente: habitamos un planeta que está en su justo lugar y en el que Júpiter no incide más que para arrojarle algún asteroide cada tantos millones de años, desde 1995 se descubren exoplanetas que ni rastros de vida contendrán hasta que no vayamos hacia allí, en nuestro planeta todo se encuentra en su cauce armónico mientras que Marte perdió su agua y su gravedad débil en eso participó, Venus es un infierno de invernadero atmosférico y Mercurio está seco, caliente y estéril; Saturno solo podría convidarnos de sus anillos de agua hielo para refrigerar nuestros tragos pero sus 62 satélites junto a los 67 de Júpiter, los 27 de Urano, 14 lunas por Neptuno y 5 para el enano Plutón, 177 superficies contando los marcianos Fobos y Deimos tan solo para reabastecer, escalar y seguir, podrían servir, hacia la brillante Sirio a 8 años luz y un tanto mas allá… Alcione en las Pléyades a 440 años luz de distancia, las formaciones estelares en la Nebulosa de Orión a 1400 años luz o la más cercana gigante naranja Arturo a solo 37 años luz de nuestro sol ¿Tendremos por propósito y por nuestro viejuno cansancio que Ahrimán nos proporcionó en el acortamiento de los telómeros cromosomales mitosis tras mitosis, solo extinguirnos sin ir un poco más lejos que un simple virus de célula en célula? El milenio que recién comienza contiene esa respuesta. Los Antiguos solían mirar lo celeste mientras nosotros miramos pantallitas amoled que nos desorientan como las microondas de los intercomunicadores que la magia china de los ARM a las abejas no compradoras torna despolinizadoras. Si tenemos objetivo, con un Celestron, el Hubble o el James Webb en 2018, trazaremos el camino, si no lo tenemos nos quedaremos malviviendo como en Detroit en permanente adoración a Baphomet de todos los idiotas, que es la Peste Negra como en 1348 veneciana, holandesa y angloamericana.

esto sería lo que Vernadski llamaba noosfera

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