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Carlos Gardel, muerto en 1935

Carlos Gardel, muerto en 1935

De Toulouse (Francia), Carlos Gardel; de Leipzig (Alemania), Till Lindemann. Los dos góticos los dos.

Till Lindemann, nato en 1963

Till Lindemann, nato en 1963

el universal del tango es el cántico a la madre

Carlos Gardel y Rubias de New York

Carlos Gardel y Rubias de New York

Till Lindemann y rubia de Deutschland

Till Lindemann y rubia de Deutschland

El sol nos transmite inalámbricamente (o tuerce los espacios vastos a tal efecto) giro y giro para dejarnos siempre en el mismo lugar: el de una canica azul, nuestra nave celeste azulada planetaria errante circunnavegando el vacío estelar

The Earth seen from Apollo 17. La canica azul, tomada el 7 de diciembre de 1972 por la tripulación de la nave espacial a una distancia de unos 45 000 kilómetros

La Canica Azul, tomada el 7 de diciembre de 1972 por la tripulación de la nave espacial Apollo 17 a una distancia de unos 45.000 kilómetros

Apolo 17 - Viaje final a la Luna (1972)

Apolo 17 – Viaje final a la Luna (1972)

Harrison H. Schmitt, Eugene Cernan (sentado) y Evans fueron sus tripulantes

Harrison H. Schmitt, Eugene Cernan (sentado) y Ronald Evans fueron sus tripulantes

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Mare Tranquillitatis y Mare Serenitatis al centro lunar ligeramente arriba (son dos manchas pegadas). La Luna, a solo 1,3 segundos luz de distancia, repleta de Helio-3 para fusionar en hornos nucleares y a la que no hemos vuelto in corpore desde hace ya 43 años

Deambularon a los saltos y en vehículos lunares fuera de UnaG la Tierra a una distancia de 384.400 km entre Mare Tranquillitatis y Mare Serenitatis durante unas 75 horas. El 19 de diciembre de 1972 ya estaban de nuevo entre los vivos de aquel tiempo en el pozo gravitatorio de UnaG (a 9,780327 m/s²). Y seguimos todos en Amerika, pues se necesitan 11,186 km/s para el gran escape de sus fauces y tensores curvos de Riemann.

Esta vez las certezas ganan a las dudas, esta vez la carrera espacial yace perdida y EUA no le va a ganar a la Rusia Unida de Vladimir Putin y Dmitri Medvedev. Esta vez será un empate definitivo y final entre las negras de Nietzsche y las rojas de Marx, con el armagedón nuclear fieramente amenazando, sin disuasores, sin diálogos, ni acuerdos perdurables ni consensos, con víboras y ofidios serpenteantes siseando en bífidas lenguas que no conocen de negociación ni de razón. Nuestra estirpe humana sin rumbo ni dirección.

Algo que me atrajo poderosamente la atención visto en comentarios por ahí dejados en la blogósfera, diciendo que ya antes de Newton la atracción y caída de los cuerpos se veía como un fenómeno geométrico y así es como se ve después de Einstein (la historia cíclica en la ciencia también es), y lo tomo para este aquí mismo sin su permiso:

En la cosmovisión aristotélica, asumida sin más por el cristianismo, la Tierra se encontraba en el centro. Pero, y esto es la clave, el centro no era el lugar más “importante”. El lugar más importante eran los cielos, donde habitaban los dioses. De hecho, el centro geométrico del universo era el inframundo, el centro de la Tierra, lugar del Hades, lugar de los muertos. Por tanto, desplazar a la humanidad de la cercanía al centro geométrico no podía ser tan dramático. Me parece a mí que esa resistencia a desplazar a la humanidad del centro de la creación divina no era tan importante para la cosmovisión cristiana (quizás en todo caso para la mentalidad renacentista, más antropocéntrica que la mentalidad teocéntrica medieval). Este aspecto particular del aferramiento al geocentrismo es por tanto uno más de los elementos añadidos posteriormente en la interpretación del caso Galileo. En cambio, desde un punto de vista científico, el geocentrismo tenía algunas ventajas que el heliocentrismo perdía. El sistema geocéntrico explica de modo coherente los principales movimientos observados:

1. Los cuerpos terrestres caen “hacia abajo”, es decir hacia el centro geométrico del universo, que es el centro de la Tierra, el “lugar natural” de los cuerpos pesados. Esto explica de paso la forma esférica de la Tierra (demostrada por cierto por Aristóteles a partir de la proyección de la sombra de la Tierra sobre la Luna en eclipses lunares). El concepto de “lugar natural” es clave en la física aristotélica.

2. Los cuerpos celestes están hechos de otra materia distinta que no pesa y por tanto no cae, se mueven uniformemente en círculos (el movimiento perfecto). La incordiante excepción es el movimiento de los planetas (“planeta” significa “errante”), que nadie supo nunca explicar satisfactoriamente, y es una baza muy importante a favor del heliocentrismo.

Sustituir la Tierra por el Sol como centro del universo deja una gran pregunta: ¿y por qué no caen todas las cosas hacia el Sol? El heliocentrismo explica los movimientos celestes mejor que el geocentrismo, pero a costa de dejar inexplicada la caída de los graves (la gravedad). Fue mérito de Newton unificar mecánica terrestre y mecánica celeste, precisamente a cuenta de intentar solucionar esta dificultad. Pero en la época de Galileo era una dificultad no pequeña que él mismo tampoco sabía resolver. Para resolver la dificultad, Newton tuvo que ofrecer una teoría completamente revolucionaria de la atracción gravitatoria como “acción a distancia”. Hasta entonces la gravedad era un concepto mucho más geométrico: los graves caen hacia el centro porque el centro es su “lugar natural”.

Gonzalo Génova

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