John D. Rockefeller I (1839-1937) retratado por Eduardo Hughes Galeano (1940-2015)
en Memoria del Fuego II. Las caras y las mascaras, año 1984

1882, Nueva Jorvic: Tambien Usted (cerdo del proletariado) puede triunfar en la Vida

El camino de la felicidad ya no conduce solamente a las praderas del Oeste. Ahora es tambien el tiempo de las grandes ciudades. El silbato del tren, flauta magica, despierta a los jovenes que duermen la siesta pueblerina y los invita a incorporarse a los nuevos paraisos de cemento y acero. Cada huerfano andrajoso, prometen las voces de sirena, se convertira en prospero empresario si trabaja con fervor y vive con virtud y con etica calvinista en las oficinas o las fabricas de los edificios gigantescos.
Un escritor, Horatio Alger, vende estas ilusiones en millones de ejemplares. Alger es mas famoso que Shakespeare y sus novelas circulan mas que la Biblia. Sus lectores y sus personajes, mansos asalariados, no han dejado de correr desde que bajaron de los trenes o de los buques transatlanticos. En la realidad, la pista esta reservada a un puñado de atletas de los negocios, pero la sociedad norteamericana consume masivamente la fantasia “adolescente” de la libre competencia y hasta los cojos sueñañ con ganar carreras.

James Ouver Robertson, American myth, american reality; NY, 1980. Por toda consulta bibliografica

1882, Nueva Jorvic de todos los paganos: La Creacion segun John D. Rockefeller

En el principio hice la luz con farol de queroseno. Y las tinieblas, que se burlaban de las velas de sebo o de esperma, retrocedieron. Y amanecio y atardecio el dia primero.
Y el dia segundo Dios me puso a prueba y permitio que el demonio me tentara ofreciendome amigos y amantes y otros despilfarros. Y dije: “Dejad que el petroleo venga hacia mi.” Y funde la Standard Oil. Y vi que estaba bien y amanecio y atardecio el dia tercero.
Y el dia cuarto segui el ejemplo de Dios. Como El, amenace y maldije a quien me negara obediencia; y como El aplique la extorsion y el castigo. Como Dios ha aplastado a sus competidores, asi yo pulverice sin piedad a mis rivales de Pittsburgh y Filadelfia. Y a los arrepentidos prometi perdon y paz eterna.
Y puse fin al desorden del Universo. Y donde habia caos, hice organizacion. Y en escala jamas conocida calcule costos, impuse precios y conquiste mercados. Y distribui la fuerza de millones de brazos para que nunca mas se derrochara tiempo, ni energia, ni materia. Y desterre la casualidad y la suerte de la historia de los hombres. Y en el espacio por mi creado no reserve lugar alguno a los debiles ni a los ineficaces. Y amanecio y atardecio el dia quinto.
Y por dar nombre a mi obra inaugure la palabra trust. Y vi que estaba bien. Y comprobe que giraba el mundo alrededor de mis ojos vigilantes, mientras amanecia y atardecia el dia sexto.
Y el dia septimo hice caridad. Sume el dinero que Dios me habia dado por haber continuado Su obra perfecta y done a los pobres veinticinco centavos. Y entonces descanse.

Allan Nevins, John D. Rockefeller: the heroic age of american business; NY, 1940.

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