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Un 24 de mayo de 2019 se cumplió otro cíclico, orbital, periódico sinódico también, aniversario de la muerte del más central heliocentrista de la historia científica y cultural de la especie, solo precedido por Aristarco de Samos en la antigüedad de la época helenística

… de una entrada demorada desde el 24/05/2017 al cumplirse 474 años del fallecimiento del matemático y astrónomo polaco, entrada demorada entonces en unos 794 días

De las efemérides y de otros tiempos: En 1543 la corona española no aprueba la financiación de un proyecto del inventor Blasco de Garay de propulsar una galera mediante máquinas de vapor. Esto hará esperar 260 años -en 1803- a la aparición del primer barco de vapor.

Nicolás Copérnico (Niklas Koppernigk) nace el 19 de febrero de 1473 en Toruń, un importante centro comercial de la Prusia Real situado en los márgenes del río Vístula. Era hijo de otro Niklas Koppernigk, un mayorista de cobre, el negocio del que derivaba el apellido familiar, y de Bárbara Watzenrode, hija de un rico comerciante perteneciente a la burguesía local. El matrimonio tenía un hijo mayor, Andreas, que ocupó un papel importante en la vida del astrónomo y dos hijas.
A los diez años de edad Copérnico quedó huérfano de padre. El hermano de su madre, el canónigo Lucas Watzenrode se hizo cargo de la familia. Casó a Katharina, la hermana mayor, con un noble de la ciudad y logró que la hija menor, Bárbara, cogiera los hábitos, con el tiempo llegaría a ser abadesa benedictina en el convento de Kulm.
En Toruń, una ciudad de doscientos mil habitantes situada al norte de Polonia se puede visitar la casa natal de Copérnico, hoy convertida en museo. El museo se encuentra en la calle Kopernika, antiguamente llamada calle de Santa Ana. En él se hace un recorrido por la vida del astrónomo, se puede ver una interesante colección de instrumentos astronómicos de la época y de las distintas ediciones de las obras de Copérnico y nos permite conocer cómo era la vida cotidiana en la casa de un próspero comerciante del siglo XV. Es un edificio de estilo gótico hanseático con hastiales escalonados, típico de la zona.

Este famoso científico polaco-prusiano estudió en la Universidad de Cracovia (1491-1494) probablemente bajo las directrices del matemático Wojciech Brudzewski (polski), quien le hizo entender a cabalidad la dificultad de tan complejas matemáticas de Ptolomeo-Eudoxo para sostener un modelo geocéntrico que se iba volviendo abigarrado, errático e inviable.

Modelo heliocéntrico: superación de todos los tolemaicos y los tycheanos aún por venir unos 60 años después. En 1533, Johann Albrecht Widmannstetter envió a Roma una serie de cartas resumiendo la teoría de Copérnico. Estas fueron oídas con gran interés por el papa Clemente VII y varios cardenales católicos. Para 1536 el trabajo de Copérnico estaba cercano a su forma definitiva, y habían llegado rumores acerca de su teoría a oídos de toda Europa. Copérnico fue urgido a publicar desde diferentes partes del continente. En una epístola fechada en noviembre de 1536, el arzobispo de Capua, Nikolaus Cardinal von Schönberg, pidió a Copérnico comunicar más ampliamente sus ideas y solicitó una copia para sí. Algunos han sugerido que esta carta pudo haber hecho a Copérnico sospechoso al publicar, mientras que otros han sugerido que esto indicaba el deseo de la Iglesia de asegurarse que sus ideas fueran publicadas. A pesar de la presión ejercida por parte de diversos grupos, Copérnico retrasó la publicación de su libro, tal vez por miedo a la crítica. Algunos historiadores consideran que, de ser así, estaba más preocupado por el impacto en el mundo científico que en el religioso.

Las ideas principales de su teoría eran:

1- Los movimientos celestes son uniformes, eternos, y circulares o compuestos de diversos ciclos (epiciclos).
2- El centro del universo se encuentra cerca del Sol.
3- Orbitando alrededor del Sol, en orden, se encuentran Mercurio, Venus, la Tierra, la Luna, Marte, Júpiter y Saturno. (Aún no se conocían Urano y Neptuno.)
4- Las estrellas son objetos distantes que permanecen fijos y por lo tanto no orbitan alrededor del Sol.
5- La Tierra tiene tres movimientos: la rotación diaria, la revolución anual, y la inclinación anual de su eje.
6- El movimiento retrógrado de los planetas es explicado por el movimiento de la Tierra.
7- La distancia de la Tierra al Sol es pequeña comparada con la distancia a las estrellas.

De revolutionibus orbium coelestium:

Su obra maestra, De revolutionibus orbium coelestium (Sobre las revoluciones de las esferas celestes), fue escrita a lo largo de unos veinticinco años de trabajo (1507-1532) y fue publicada póstumamente en 1543 por Andreas Osiander, pero muchas de las ideas básicas y de las observaciones que contiene circularon a través de un opúsculo titulado De hypothesibus motuum coelestium a se constitutis commentariolus (no editado hasta 1878), que, pese a su brevedad, es de una gran precisión y claridad.
Copérnico estudió los escritos de los filósofos griegos buscando referencias al problema del movimiento terrestre, especialmente los pitagóricos y Heráclides Póntico, quienes creían en dicha teoría. En cuanto a la teoría heliocéntrica en sí, hasta donde se sabe hoy, fue concebida por primera vez por Aristarco de Samos (310-230 a. C.), a quien curiosamente no nombra en su obra.10 Es preciso centrar el valor real de sus estudios en el hecho de reimponer teorías ya rechazadas por el «sentido común» y de darles una estructuración coherente y científica.

La ruptura básica que representaba para la ideología religiosa medieval, la sustitución de un cosmos cerrado y jerarquizado, con el hombre como centro, por un universo homogéneo e indeterminado (y a la postre incluso infinito), situado alrededor del Sol, hizo dudar a Copérnico de publicar su obra, siendo consciente de que aquello le podía acarrear problemas con la Iglesia; por desgracia, a causa de una enfermedad que le produjo la muerte, no alcanzó a verla publicada. Copérnico aún estaba trabajando en el De revolutionibus orbium coelestium (aunque aún no convencido de querer publicarlo) cuando en 1539 Georg Joachim Rheticus, un matemático de Wittenberg, llegó a Frombork. Philipp Melanchthon había arreglado para Rheticus su visita a diversos astrónomos y el estudio con ellos. Rheticus se convirtió en pupilo de Copérnico, conviviendo con él durante dos años. Rheticus leyó el manuscrito de Copérnico y de inmediato escribió un resumen no técnico de sus principales teorías en la forma de una carta abierta dirigida a Schöner, su profesor de astrología en Núremberg, y más tarde publicó esta carta en forma de libro titulado Narratio Prima (primera descripción), en Dánzig en 1540. El amigo de Rheticus y mentor, Gasser Aquiles, publicó una segunda edición de la Narratio en Basilea en 1541. En 1542 Rheticus publicó un tratado de trigonometría escrito por Copérnico (incluido después en el segundo libro de De revolutionibus). Bajo gran presión por parte de Rheticus, y habiendo visto la reacción favorable del público frente a su trabajo, Copérnico finalmente accedió entregar el libro a su amigo cercano Tiedemann Giese, obispo de Chełmno (Kulm), para ser entregado a Rheticus, y ser impreso por Johannes Petreius en Núremberg. La primera edición del De Revolutionibus aparece en 1543 (el mismo año de la muerte del autor), con una larga introducción en la que dedica la obra al papa Pablo III, atribuyendo su motivo ostensible para escribirla a la incapacidad de los astrónomos previos para alcanzar un acuerdo en una teoría adecuada de los planetas y haciendo notar que si su sistema incrementaba la exactitud de las predicciones astronómicas, esto permitiría que la Iglesia desarrollara un calendario más exacto (un tema por entonces de gran interés y una de las razones para financiar la astronomía por parte de la Iglesia).

El trabajo en sí estaba dividido en seis libros:

1- Visión general de la teoría heliocéntrica, y una explicación corta de su concepción del mundo.
2- Básicamente teórico, presenta los principios de la astronomía esférica y una lista de las estrellas (como base 3-para los argumentos desarrollados en libros siguientes).
3- Dedicado principalmente a los movimientos aparentes del Sol y a fenómenos relacionados.
4- Descripción de la Luna y sus movimientos orbitales.
5- Explicación concreta del nuevo sistema.
6- Explicación concreta del nuevo sistema (continuación).

Significado de la obra

La importancia de la obra de Copérnico es ser una obra revolucionaria, precursora de grandes cambios científicos. Dicho carácter revolucionario no está solo en sus escritos sino en poner en marcha unos caminos que romperán las barreras del pensamiento. No debemos olvidar que la obra de Copérnico sigue ligada al Mundo Antiguo, ya que ciertas premisas platónicas siguen vigentes en su pensamiento como los dos grandes principios de uniformidad y circularidad. Sin embargo, con su obra se afianza otra gran idea propia de la modernidad: la naturaleza va perdiendo su carácter teológico, el hombre ya no es el centro del universo, sino que Copérnico lo desplaza a una posición móvil, como la de cualquier otro planeta.

A partir de Copérnico se desencadena la idea de que el hombre ahora está gobernado por su Razón, que será la facultad del ser humano que hace que tome parte en el ordenamiento del Universo. Así el hombre pasa a ser un ser autónomo que basa dicha autonomía en su capacidad de raciocinio. La razón humana puede ahora apoderarse de la Naturaleza: dominarla y controlarla. Así el hombre deja de ser el centro físico del Universo para convertirse en el centro racional del Universo. A partir de ahora nos enfrentamos al mundo, no contemplándolo, sino construyendo hipótesis a través de las capacidades del hombre, que contrastadas con la naturaleza se podrán dar por válidas o no.

En este caso particular, Copérnico tuvo en contra al cristianismo de la época que hizo suyos los presupuestos aristotélicos del mundo antiguo. Aristóteles escribió de teoría literaria, política, ética, metafísica, lógica, meteorología, física, biología, astronomía… y todo ello integrado coherentemente, lo que hacía muy difícil atacar una parte sin atacar al todo. A la vez, permitía, por esa misma razón, dejar de lado pequeñas dificultades que pudieran surgir en aspectos parciales. Esa es la razón fundamental de su permanencia como visión del mundo a lo largo de dos mil años. Si además se añade que, tras su descubrimiento por parte del mundo medieval, este sistema fue cristianizado y asumido por la Iglesia católica a través de la obra de santo Tomás de Aquino, comprenderemos mejor la resistencia que opuso a su superación y hasta qué punto determinó, no solo la historia de la astronomía, sino de la ciencia y de la cultura.

La difusión de la teoría copernicana se lleva a cabo sobre un fondo político e histórico, en el que es de importancia fundamental el problema religioso existente desde 1517 con la irrupción en escena del luteranismo. En 1545 se inició el Concilio de Trento, que después de tres sesiones, con su final en 1563, deja establecida la reforma radical de la Iglesia e impone un programa de recuperación y defensa del dogma frente al mundo reformista. Pío V y Gregorio XIII, entre 1566 y 1585 culminarán el proceso de recuperación de la Iglesia católica en la segunda mitad del siglo XVI, solventado los problemas de disensión interna y de jerarquía. Difunden la enseñanza eclesiástica y recuperan importancia e influencia en los países en los que la creencia protestante se había hecho fuerte. Pero los sucesos acaecidos en los cielos a finales del siglo XVI y las observaciones que Copérnico hizo de estos, minaron ciertamente la autoridad y credibilidad de la filosofía que sustentaba la astronomía ptolemaica. La Iglesia protestante paulatinamente se rinde ante la situación y su oposición al heliocentrismo desaparece. Se da un vuelco en la situación. A partir del final de siglo será la Iglesia católica la que, utilizando su poder organizado en la Inquisición, convertirá al heliocentrismo en el enemigo más inmediato.

La obra de Copérnico y los cambios que propone se proyectan sobre el estado anterior de la astronomía y sobre el entramado científico y filosófico que con él se asociaban. En el texto que ahora comentamos, el autor hace un breve repaso por todas aquellas partes de la astronomía anterior a él que quedan obsoletas a partir de sus descubrimientos: la inseguridad sobre los movimientos del Sol y la Luna (ya que sus movimientos anuales no se podían establecer con seguridad), la explicación del movimiento de los planetas tampoco resultaba aceptable ya que no se utilizaban los mismos supuestos para todos (puesto que en unos casos se utilizan círculos homocéntricos, en otros excéntricos, epiciclos, etc.), y sobre todo, que el Universo era tomado como un sistema por partes que carece de unidad. De esta manera, al final del texto, el autor reflexiona y explica que la astronomía que le precedía era confusa en el sentido de que no se seguían principios seguros sino que en unos casos se utilizaban unas explicaciones, en otros otras, y que por lo tanto se llega a un «método» incompleto (ya que si las hipótesis que se plantearon fueran ciertas, ciertamente podrían demostrarse con facilidad).

Las ideas principales de la obra de Copérnico, que se oponen a las anteriores a él, son entre otras, su idea de preservar la unidad de movimientos y crear un sistema de círculos más racional. El helioestatismo y el heliocentrismo no son las premisas sino la conclusión. Además, elimina los ecuantes de la astronomía porque no parecen respetar los principios básicos de Platón. Cambia también de hipótesis y toma la de que el Sol permanece quieto y la Tierra se mueve (con una serie de movimientos distintos: el movimiento de rotación, el de traslación y el de declinación que sirve para explicar los equinoccios). Para esto, Copérnico plantea sus hipótesis: que no existe un centro único de todas las esferas celestes, y que además el centro de la Tierra no es el centro del Universo (sino el centro lunar y el centro de gravedad).

Todas las esferas giran en torno al Sol que es el centro de giro de ellas, y el Sol está en las proximidades del centro del Mundo; supera el problema del paralaje si pensamos que las estrellas están a una distancia mucho mayor de lo que se pensaba anteriormente. Además, cualquier movimiento que parezca realizado en la esfera de las estrellas no es tal, sino que lo que se mueve es la Tierra (que gira cada día y da una vuelta completa, mientras que la esfera de las estrellas está inmóvil). De esta misma manera, los movimientos del Sol no se deben a él, sino a la Tierra que gira en torno a él igual que el resto de planetas; y los movimientos retrógrados y directos de los planetas no se deben a ellos, sino al movimiento de la Tierra. Vemos, por lo tanto, que el plantear la hipótesis de que la Tierra se mueve sirve para explicar muchas de las irregularidades de los movimientos del Universo: elimina antiguos problemas y herramientas complicadas como los ecuantes, las esferas celestes, etc.

Tomado de Paco Bellido, de una entrada en Naukas del 7 de mayo de 2018:

Fue en la escuela parroquial de San Juan donde Copérnico aprendió las primeras letras. Posteriormente fue enviado a la cercana ciudad de Włocławek. De 1491 a 1495 Copérnico estudió en la Universidad de Cracovia, el centro del pensamiento humanista y de los estudios astronómicos de la época. Allí estudió matemáticas y las disciplinas clásicas, y muy probablemente también astronomía. En realidad del paso de Copérnico por Cracovia sólo se conserva un documento que notifica que Nicolás Copérnico de Toruń pagó las tasas.
En cualquier caso, en el Collegium Maius de Cracovia conservan una habitación supuestamente de Copérnico. Realmente se trata de un engaño para turistas incautos porque el astrónomo nunca vivió en este lugar. No obstante, la visita merece la pena. Se pueden ver algunas piezas interesantes, como un astrolabio cordobés de 1054 y varios retratos del astrónomo.
En el corredor exterior se puede ver una réplica del triquetrum un instrumento utilizado en astrometría para determinar las posiciones de las estrellas y otros objetos celestes. Ya en el siglo II Ptolomeo utilizaba instrumentos similares.

En 1496, Lucas Watzenrode envía a sus dos sobrinos a la Universidad de Bolonia, el lugar donde él mismo se había formado años atrás. En Italia estudia leyes y medicina en las universidades de Bolonia y Padua. Aunque en Bolonia se dedica al derecho civil, también asiste a las conferencias del astrónomo Domenico Maria Novara da Ferrara, convirtiéndose en su discípulo y ayudante. Las observaciones realizadas por Copérnico y Novara en 1497 aparecen en De revolutionibus.

Ese mismo año, el tío de Copérnico es ordenado obispo de Warmia y a Copérnico le asignan una canonjía en la catedral de Frombork. Pero Copérnico permanece en Italia, para asistir al gran jubileo de 1500. También visita Roma donde observa un eclipse de Luna y ofrece varias conferencias sobre astronomía y matemáticas.
En 1501 Copérnico regresa a Frombork. A su llegada obtiene el permiso necesario para completar sus estudios en Padua, donde estudia medicina con Guarico y Fracastorius. También viaja a Ferrara donde recibe el doctorado en leyes, posiblemente porque las tasas de la Universidad de Ferrara eran más asequibles y a Copérnico nunca le gustó derrochar el dinero, más bien lo contrario.
Una de las asignaturas que debió estudiar en aquella época fue la astrología, que se consideraba un aspecto importante de la educación médica. Pero a diferencia de otros destacados astrónomos del Renacimiento, parece que Copérnico nunca demostró ni expresó interés por esta práctica.
En 1503, Copérnico vuelve a la Prusia polaca, a Warmia, donde permanecerá el resto de su vida. De 1503 a 1510 mantiene el puesto de secretario de su tío, Lucas Watzenrode, ya obispo de Warmia y hasta 1510 reside en el castillo episcopal de Heilsberg (Lidzbark Warmiński). Es en este lugar donde inicia sus trabajos sobre heliocentrismo, no obstante, su principal ocupación durante estos años son las labores administrativas y políticas.
En 1510 se traslada a Frombork (Frauenburg), una ciudad al norte de Toruń en la Laguna del Vístula. El obispado de Warmia, a pesar de estar incluido en la Prusia Real y sujeto a la corona polaca, disfrutaba de una amplia autonomía y de su propia Dieta, ejército, moneda y tesorería.
Siguiendo su habitual actitud prudente y precavida escribe un pequeño opúsculo, De hypothesibus motuum cœlestium a se constitutis commentariolus, más conocido como el Commentariolus, en el que ofrece por primera vez una breve introducción a las ideas heliocéntricas. Gracias al apoyo de otros astrónomos, en especial Rheticus, treinta años después escribirá De revolutionibus orbium cœlestium (Sobre las revoluciones de las esferas celestes).
Copérnico muere en Frombork el 24 de mayo de 1543. La leyenda asegura que la primera copia impresa de De revolutionibus llegó a sus manos el mismo día de su muerte. Según la tradición se despertó del coma producido por un derrame cerebral, miró su libro y después murió plácidamente.

En Frombork encontramos otro museo de Copérnico. La llamada Torre de Copérnico, al noroeste, es uno de los elementos fortificados más antiguos de la muralla. Fue construida en 1400 y los niveles superiores se restauraron en varias ocasiones en los siglos sucesivos. Se reconstruyó tras la segunda guerra mundial y las obras finalizaron en 1965. Esta torre fue propiedad de Copérnico de 1504 a 1543, en el interior hay una exposición sobre el aspecto del estudio de un erudito renacentista. La decoración asemeja el aspecto que debió tener el estudio del astrónomo a principios del siglo XVI.
La basílica catedral, consagrada a la Ascensión de Nuestra Señora y al apóstol San Andrés, es un imponente edificio gótico en el que encontramos el epitafio de Copérnico. La exposición principal sobre Copérnico y su obra se encuentra en el Palacio Episcopal, un edificio de estilo gótico y barroco situado en la esquina sureste de la colina de la catedral. Ardió en 1945 y se reconstruyó entre 1965 y 1970.

Y aparecen los restos:
Las crónicas aseguran que Copérnico fue enterrado en la catedral de Frombork. Durante años los arqueólogos han buscado sus restos en vano. Sin embargo, en agosto de 2005, un equipo dirigido por Jerzy Gąssowski, director del instituto arqueológico y antropológico de Pułtusk, tras sondear el suelo de la catedral descubrió lo que parecían ser los restos del astrónomo. El descubrimiento tuvo lugar tras un año de búsquedas y se anunció el 3 de noviembre de 2008 una vez realizada toda una serie de comprobaciones adicionales.
Gąssowski aseguró estar completamente seguro de que se trataba de los restos de Copérnico. El Laboratorio Forense de la policía polaca utilizó el cráneo para reconstruir el aspecto de la cara que se parece notablemente a los retratos que se conservan. Los expertos pudieron determinar que el cráneo pertenecía un hombre de unos 70 años, justamente la edad que tenía Copérnico cuando murió. La prueba definitiva vino de mano del ADN. El ADN de unas muestras procedentes de los huesos encontrados en la tumba coincide con el del pelo encontrado en un libro propiedad de Copérnico que se conserva en la universidad sueca de Uppsala.

Catedral de Frombork, tumba de Nicolaus Copernicus (en el voivodato de Warmia y Masuria)

Copérnico tardó unos veinte años en dar forma a su modelo heliocéntrico del sistema solar. La obra establece que la Tierra da una vuelta al día en torno a su eje y que gira alrededor del Sol en un año. También argumenta que los planetas giran alrededor del Sol. Georg Joachim van Lauchen, más conocido como Rheticus, un joven profesor de matemáticas y astronomía de la Universidad de Wittenberg, visitó a Copérnico en Frombork en 1539 y lo animó a publicar los resultados de sus estudios. Rheticus publicó un resumen de las teorías de Copérnico en 1540 en un libro titulado Narratio Prima.
Un año después se publicará en Nüremberg la obra completa, que abarca seis volúmenes. El responsable de la edición es Andreas Osiander, un teólogo luterano que realiza cambios notables en la obra original, para convencer al lector del carácter hipotético de la teoría heliocéntrica y no chocar con la cosmovisión generalmente aceptada en la época.
Sin el permiso de Copérnico, Osiander elimina el prefacio del autor e incluye uno propio, sin firmar, dedicado al papa Pablo III. Otras ediciones que vieron la luz fueron las de Rheticus en Basilea (1566), Müller de Göttinga en Amsterdam (1617) y otra en Varsovia (1854). También hay una edición de la Sociedad Copernicana de Toruń en 1873.

La obra de Copérnico suscitó numerosos debates religiosos e ideológicos, ya que tiraba por tierra las ideas aceptadas sobre el universo. Su teoría fue muy criticada por las autoridades eclesiásticas, sobre todo las protestantes. La Iglesia católica condenó y prohibió De Revolutionibus Orbium Cœlestium hasta 1828, fecha en que sale del índice, aunque no será hasta 1835, en la nueva versión del Index Librorum Prohibitorum, en que ya no aparezca en el listado de obras prohibidas por la Iglesia. A partir del siglo XVII, la teoría heliocéntrica gana más y más adeptos. Entre sus defensores se encuentran Giordano Bruno, Johannes Kepler y Galileo. El movimiento orbital de la Tierra fue confirmado finalmente en 1728 tras el descubrimiento de la aberración de la luz por parte de James Bradley. El impacto de la teoría heliocéntrica supuso una auténtica revolución que afectó a todas las áreas de la ciencia y forjó las bases del desarrollo de la civilización moderna.
A pesar de que la obra desempeñó un papel fundamental en la historia de la Ciencia, no fue un libro muy leído fuera del mundillo académico. Arthur Koestler se refirió a De Revolutionibus como «el libro que nadie leyó». La realidad, sin embargo, fue distinta como demostró el historiador de la astronomía Owen Gingerich que ha dedicado 35 años a analizar en persona todos los ejemplares que se conservan. Prácticamente todos los matemáticos y astrónomos de la época estuvieron al tanto de la publicación de Copérnico, aunque bien es cierto que se interesaron más por el modelo matemático que permitía prescindir de los epiciclos que de la primera parte dedicada a la cosmología del sistema. Aunque la obra no llegó a un gran número de lectores, su tirada entra dentro de lo habitual en la época. Se conservan 276 copias de la primera edición y 325 de la segunda (como comparación, merece la pena señalar que se conservan 228 copias del First Folio de Shakespeare). En España se conservan siete copias de la primera edición (Núremberg, 1543): en la Biblioteca de El Escorial; en la Biblioteca Nacional; en la biblioteca privada de Plácido Arango; en el Palacio Real de Madrid; en el Real Observatorio de la Armada de San Fernando (Cádiz); en la Biblioteca de la Universidad de Sevilla y en la Biblioteca de la Universidad de Valencia. Respecto a la segunda edición (Basilea, 1566) hay copias en Orense, dos copias en la Biblioteca de El Escorial; dos copias en la Biblioteca Nacional; otra en el Palacio Real; tres copias en la Biblioteca de la Universidad de Salamanca; en el Real Observatorio de la Armada y en la Universidad de Sevilla.
En la Biblioteca Pública “Juan José Arreola” de Guadalajara, en el estado de Jalisco (México), se conserva el único ejemplar latinoamericano de la primera edición de De revolutionibus orbium cœlestium.
Copérnico sigue suscitando el interés de los aficionados a la historia de la astronomía. El escritor irlandés John Banville ha escrito una interesante novela histórica en la que se reviven las dudas y angustias del astrónomo polaco. También el astrónomo y escritor Jean Pierre Luminet lo eligió como protagonista en El enigma de Copérnico.

Seis orbitadores marcianos acompañan la órbita de Marte

Marte, el Planeta Rojo, un color que le confiere el óxido de hierro de su superficie, es el más parecido al Planeta Azul, la Tierra, con días de 24 horas, años de 687 días y ciclos de estaciones producidos por la inclinación de su eje axial-polar. También es el planeta más cinematográfico de todos. Su exploración ha ocupado primeras páginas de periódicos en varias ocasiones, algunas lamentablemente por sus fracasos. La nave espacial rusa Mars 96 había sido lanzada desde el cosmódromo de Baikonur, en las estepas de Kasajstán (Rusia Federada), desde donde en 1957 los soviéticos pusieron en órbita el primer Sputnik. Pero esta vez la misión, que era internacional (participaban una veintena de países), no estuvo coronada por el éxito: la nave quedó atrapada en la órbita terrestre no pudiendo emprender el camino hacia Marte. De la larga lista de misiones fallidas, destaca la pérdida misteriosa de la nave Mars Observer, lanzada en 1993, sobre la que hubo hasta sospechas de sabotaje. En 1996 se lanzó con éxito la nave Mars Global Surveyor, también conocida por sus siglas MGS, para observar el clima del planeta. En 1997 llegó la sonda Mars Pathfinder, que sí encontró el camino, como su propio nombre indica: llegó el 4 de julio a Marte, allí, en el llamado Ares Vallis, dejó caer un pequeño vehículo todoterreno llamado Sojourner, que durante varios días transmitió datos y espectaculares imagenes. La segunda fase del programa de exploración marciana de la NASA (aquella agencia que ya había alcanzado la cúspide con las sondas Viking en 1976) comprendía dos naves: Mars Climate Orbiter -lanzada en 1998- y Mars Polar Lander, al siguiente año de 1999. La primera de estas misiones se destruyó por un error de cálculo que confundió libras con kilogramos y millas con kilómetros; una falla de software.

En varias ocasiones la NASA anunció agua, en forma de hielo, en Marte, la última en 2015: la sonda Phoenix confirmaba la existencia de agua cerca del Polo Norte marciano. Y esta vez, con mucha más credibilidad que en los anuncios de antaño. Marte sorprende con sus volcanes (su orografía y topografía mientras se lo continúa cartografiando), como el Monte Olimpo, con tres veces la altura del Everest, y sus cañones, como Vallis Marineris, de 6 km de profundidad, además de sus cráteres y dunas. Sus rocas tienen una composición muy similar a la corteza continental terráquea. En cuanto al líquido elemento, sabemos que hay vapor de agua en su atmósfera, no en exceso, pero sí en cantidad suficiente para permitir que el agua se congele en la superficie del planeta. Sus polos norte y sur contienen dos clases de hielo: de agua (H2O), como los casquetes glaciares de la Tierra, y de dióxido de carbono (CO2) o hielo seco -que es de lo que están hechos su aire y atmósfera-, en proporción variable según la estación. Tras la últimas imagenes de la sonda MRO (Mars Reconnaissance Orbiter) y, previamente, del robot Curiosity, es incluso probable que haya agua líquida salada, una especie de salmuera, en las estaciones más cálidas, que formaría las cuencas oservadas de ríos secos. Con ello se abre la posibilidad de que el planeta albergue algún tipo de vida microbiana. Pero eso no significa que ahora vayamos a creernos nuevamente, como el astrónomo Percival Lowell, que seres inteligentes construyeran canales para conducir el agua. Quizás lo averigüaremos en unas décadas, pues se está pensando enviar una misión tripulada a nuestro vecino, con escalas previas en Phobos y Deimos, las lunas marcianas.

Durante la gran oposisción Tierra-Marte de 1877 trabajaron con sus telescopios Giovanni Schiaparelli y Asaph Hall; el primero cartografió la superficie marciana, montes, canales, valles, cráteres y volcanes, un cráter fue bautizado a su nombre tras el deceso del italiano en 1910; el americano descubrió las lunas capturadas (los irregulares pequeñitos satélites troyanos) por el cuarto planeta empezando desde el centro solar. Durante octubre de 2016 la sonda ruso-europea ExoMars se terminó de acercar a Marte tras siete meses de viaje, Trace Gas Orbiter estudiará el metano (CH4) atmosférico desde 2018 y ya logró tomar la órbita elíptica que irá volviendo circular en algunos meses hasta quedar a solo 400 km de altitud; con respecto a la cápsula de descenso Schiaparelli, por falla de software en el encendido-apagado de los retrocohetes (por fallas previas en el paracaídas y la unidad de medición inercial Honeywell de avanzados altímetros y giroscópos que responden a radares doppler), se estrelló brutalmente contra Meridiani Planum, dejando la huella de un segundo cráter Schiaparelli en superfice. De la larga lista de misiones fallidas, esta bien reciente se les agrega.

Seis orbitadores en la actualidad del más inmediato presente giran en torno a Marte, tres de las cuales operativas ahora, son de la NASA: Mars Odissey, MRO y MAVEN (climatológica). Completan el sexteto de satélites artificiales la Mars Express de la ESA desde 2003, la TGO llegada en 2016 y desde abril de 2018 ya en su fase científica (nada de CH4 ni bio ni geo-isotópico hasta ahora encontrando), ambas junto a la india Mangalyaan que arribó en 2014 al planeta rojo-sepia (de la agencia espacial ISRO operativa desde 1969-1975). Una media docena de satélites escrutando cielo y tierra marcianos ahora a unos 211 millones de km de nosotros. La americana Mars Global Surveyor trabajó en las mejores condiciones entre 1996 y 2010; para el futuro se enlistan: Insight 2018 (del programa Discovery de la NASA), Mars 2020 de la NASA, NeMO 2022 (la Next Mars Orbiter remplazando a las que irán caducando), sumándose estas tres estadounidenses a la flotilla en extenso de las chinas que los ahora y pronto poderosos asiáticos quieren lanzar en la década siguiente, la de los años ‘20.

En mayo de 2016 Marte venía realizando su acercamiento a la Tierra a una velocidad de 1.755.000 Km por cada 29 horas terrestres. A partir de allí y estando a unas 0,5 ua (unos 75 millones de Km) comenzó a alejarse hasta bien entrado el año 2017. Lo de mayo del ’16 oposición planetaria se repite 26 meses luego para julio de 2018, en nuevo perigeo-opositio. Donde Copérnico calculó la composición y distribución grosso modo de lo que luego Kant y Laplace llamaron formación solar y nebular, Elon Musk nos llevará en uno de sus artefactos terráqueos a recorrer y pasear por ello, nuestro local y nativo Sistema Solar… promesas… promesas… promesas de Musk.

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